DINEROS ALTERNATIVOS PARA EL DESARROLLO LOCAL Jü rg en Schuldt UNIVERSIDAD DEL PACIFICO CENTRO DE INVESTIGACION (CIUP) © Universidad del Pacífico Centro de Investigación Avenida Salaverry 2020 Urna 11, Perú DINEROS ALTERNATIVOS PARA EL DESARROLLO LOCAL Jürgen Schuldt la. edición: mayo 1997 Diseño de la carátula: Eduard Schuldt Galdos I.S.B.N: 9972-603-07-5 BUP- CENDI Schuldt, Jürgen Dineros alternativos para el desarrollo local. -- Lima : Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, 1997. /DINERO/MONEDA/SISTEMAS MONET ARI OS/DESA­ RROLLO ECONÓMICO/DESARROLLO REGIONAU SISTEMA FINANCIERO/PERÚ/ 336.74 (CDU) Miembro de la Asociación Peruana de Editoriales Universitarias y de Escuelas Superiores (APESU} y miembro de la Asociación de Editoriales Universitarias de América Latina y el Caribe (EUL.AC} . El Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico no se solidariza necesariamente con el contenido de los trabajos que publica. Derechos reservados conforme a Ley. ( ' . INDICE Introducción general, 7 PRIMERA PARTE, 19 Algunas experiencias clásicas y contemporáneas de desarrollo local con ‘modelos monetarios heterodoxos’ Introducción, 21 I. Monedas alternativas de los años treinta. 29 II. Propuestas contemporáneas en funcionamiento, 59 III. Una síntesis comparativa, 115 SEGUNDA PARTE, 121 Marcos teóricos para el estudio y la adopción de esquemas alternativos de intercambio Introducción, 123 IV. Contribuciones básicas de Silvio Gesell (1862-1930), 125 V. Las evaluaciones del enfoque de Gesell durante los años treinta y cuarenta, 147 VI. Propuestas teóricas adicionales: el “Plan de Chicago” y la “desnacionalización del dinero", 177 Vil. Planteamientos contemporáneos: críticas y propuestas a nivel nacional. 191 TERCERA PARTE, 213 Propuestas monetarias alternativas para el Perú actual-un enfoque desde los ámbitos locales Introducción, 215 VIII. La actual modalidad de acumulación y el sistema financiero peruano, 221 IX. Instrucciones generales para la implementación de proyectos piloto a escala local, 259 Síntesis y conclusiones tentativas, 295 Anexos, 321 I. Anexo de facsímiles de billetes locales contemporáneos II. Anexo estadístico III. Robinsonada. La teoría libremonetaria del interés IV. Anexo bibliográfico Introducción general "Así com o el pez no es consciente del agua en la que se de­ senvuelve, el economista no lo es del dinero que lo nutre” . Anónimo Con la debacle de los “socialismos realmente existentes” , previs­ ta con décadas de anticipación -entre otros- por los socialistas Milovan Djilas (1957), Ota Sik (1971) y Rudolf Bahro (1970), el capitalismo parecería haberse impuesto como el único sistema económico contemporáneo viable y dinámico para la humanidad. Por ello, inclu­ so hay quienes ya se han apurado en vaticinar el "fin de la historia” (Fukuyama, 1993), proyectando pasivamente la actual coyuntura mundial -económica y sobre todo política- hacia un futuro incierto que en pocas décadas desembocaría en el Nirvana capitalista. En efecto, una serie de indicios parecen confirmar esa hipóte­ sis, básicamente por la expansión de ese sistema establecido a lo largo y ancho del orbe, anclado en la ideología del neoliberalismo1, en un proceso aparentemente incontenible de “globalización” que ven­ dría incorporando a todos los países y sus poblaciones a sus patrones tecnológicos, de financiamiento e inversión, de consumo y producti­ vos, a la lógica de sus instituciones multilaterales, a su dinámica em­ presarial, a sus sistemas políticos, a sus valores y normas culturales. Sin embargo, los elevados y persistentes niveles de desem­ pleo, los bolsones de pobreza masiva, la crecientemente desigual distribución del ingreso y la concentración de los activos (entre y al interior de los países), la presión incontenible hacia el crecimien­ to económico sin límites, la amenazadora expansión de las me- gaurbes, el exponencial deterioro ambiental, la proliferación de la delincuencia y la drogadicción, el resurgimiento de los fundamen- 1. La que, por supuesto, es aplicada de manera selectiva según las conve­ niencias de largo plazo o coyunturales de los grandes poderes (países e insti­ tuciones multilaterales) a determinado grupo de países subordinados que la deben adoptar a rajatabla, independientemente de la existencia o no de las precondiciones necesarias para que tenga algún grado de éxito. talismos y de las guerras fratricidas, etc., nos alertan sobre los peligros que acechan. Y esos procesos endógenos al sistema no parecen confirmar la hipótesis -que para muchos se ha convertido en dogma- ce que sea técnica, económica o socialmente viable en el largo plazo o que esté al servicio de toda -o por lo memos de 'gran parte de- la población mundial y que genere casi automáticamente la igualdad de oportunidades' que propugna. Ese preocupante diagnóstico no se refiere sólo a lo que antes de­ nominábamos países del Tercer Mundo, sino que corresponde muy bien -aunque en grado menor de gravedad relativa- a los países denominados altamente desarrollados. Todo lo contrario: frente a las expectativas de la utopía neo­ liberal, la evidencia tiende a favorecer la hipótesis de la doble marginalización de las economías y sociedades (Coraggio. 1991; Sunkel, 1991) en un mundo fracturado (Sagasti. 1992). En tal sentido, también el capitalismo en su forma actual sería un fiasco y, para muchos, el mal menor al que tendríamos que seguir adaptándonos resignadamente (en el mejor de los casos), en un ambiente generalizado de (aparente) ausencia de alternativas. En ese contexto de crisis se abren también nuevas posibi­ lidades de transformación, sobre todo desde los años ochenta (Campodónico, 1992; Coraggio. 199T. Schuldt. 1992), con lo que vienen surgiendo diversas variedades de cuestionamientos al sis­ tema capitalista, cada una de las cuales propugna vías alterna­ tivas de desarrollo dirigidas, entre otras, a la construcción de una “economía con rostro humano” , de un “socialismo de merca­ do” e incluso de una “economía de mercado sin capitalismo” , como la postula, entre otros, Silvio Gesell2. Es este último enfoque el que nos ocupará a lo largo del presente trabajo y sólo en uno de sus aspectos (el monetario). Como en todos estos procesos de crisis y cambio de “paradig- 2. Los economistas ortodoxos llegan a tal extremo de creer que el único sis­ tema económico viable es el capitalismo, básicamente porque se sustenta en las “libres” fuerzas del mercado, las que asegurarían automáticamente el floreci­ miento de la iniciativa, ,1a creatividad y la libertad humanas. Con ello ignoran que el socialismo de mercado (en la larga tradición que iniciaran Taylor, Lange y Barone), el anarquismo geselliano, la autogestión vanekiana, entre otros, son perfectamente conciliables con la dinámica de mercados competitivos, sin que . conlleven necesariamente a los defectos que caracterizan al capitalismo contem­ poráneo. Evidentemente, también ésta es una hipótesis que, sin embargo, aún no ha sido “falseada", en el sentido popperiano de la palabra. üdss'’ ¡(en el sentido de Kuhn, 1962) o de “programas de investiga­ ción'" (según Lakatos, 1970), se recurre a autores del pasado que habían sido olvidados o sesgadamente interpretados y que hoy en día xtggkxnados- resultan de gran utilidad para ensayar propuestas alternativas de desarrollo, tema que afortunadamente ha regresa- ido recientemente a la agenda de preocupaciones y trabajo de los grandes pensadores sociales, así como de los científicos sociales, inclu­ so de los economistas de las más variadas tendencias3. 3. Entre la copiosa literatura sobre el tema, aparecida durante los últimos diez años, recomendamos los siguientes trabajos que reseñan las teorías del desarrollo y proponen enfoques alternativos, desde las más diversas perspec­ tivas filosóficas, económicas y políticas: ALOP (ed.), América Latina: opciones estratégicas de desarrollo, Caracas: Nueva Sociedad y Asociación Latinoame­ ricana de Organizaciones de Promoción. 1991; Amin, Samir, La desconexión, Barcelona: Alfa, 1986; CEPAL. Transformación productiva con equidad, Santiago: Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 1990; Che- nery, Hollis y T.N. Srinivasan (eds.), Handbook of Deuelopment Economics, 2 vols., Amsterdam: North Holland, 1989; Frank, Andró Gunder, El subdesa­ rrollo del desarrollo, Caracas: Nueva Sociedad, 1990; Frankel, Boris, Los utopistas postindustriales, Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1988; Gon- zales de Olarte, Efraín (ed.). Nuevos rumbos para el desarrollo, Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1991; Griffin, Keith, Alternative Strategies for Econo- mic Deuelopment, Londres: Macmillan, 1989; Hinkelammert, Franz, Crítica de la razón utópica, San José: DE1, 1990; Kay, Cristóbal. Latín American Theories o f Deuelopment and Underdeuelopment, Londres: Routledge, 1989; Lehmann, David, Democracy and Deuelopment in Latín America, Cambridge: Polity Press, 1990; Mahjoub, Azzam (ed.). Adjustment or Delinking?, Londres: Zed Books, 1990; Marglin, Frederique y Stephen Marglin (eds.). Dominating Knowledge, Deuelopment, Culture, and Resistance, Oxford: Clarendon Press, 1990; Martínez Alier, Joan. De la economía ecológica al ecologismo popular, Montevideo; Nordan Comunidad e Icaria Editorial, 1995; Max-Neef, Manfred y otros, Desarrollo a escala humana, Montevideo: Nordan Comunidad. 1993; Menzel, Ulrich, Auswege aus der Abhángigkeit. Die Entwicklungspolitische Aktualitát Europas, Frankfurt: Suhrkamp, 1988; Menzel, Ulrich y Dieter Seng- haas, Europas Entwicklung und die Dritte Welt, Frankfurt: Suhrkamp, 1986; PNUD, Desarrollo sin pobreza, Bogotá: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 1990; PNUD, La economía popular en América Latina, mimeo, Bogotá: julio 1991; Portes, Alejandro y A. Douglas Kincaid (eds.), Teorías del desarrollo nacional, San José: Editorial Universitaria Centroameri­ cana, 1990; PRATEC, Cultura andina agrocéntrica, Lima: Programa Andino de Tecnologías Andinas, 1991; PRATEC, Afirmación cultural andina, Lima: 1993; PREALC, Empleo y equidad, Santiago: Programa Regional de Empleo para América Latina, OIT, 1991; Schumacher, Erwin F., Lo pequeño es hermoso, Madrid: Ed. Hermann Blume, 1978; Sheahan, John, Patterns of Deuelopment in Latín America: Pouerty, Repression, and Economic Strategy, Princeton: Princeton University Press, 1987; Sunkel, Osvaldo (ed.), El desa- En este trabajo no nos ocuparemos de las alternativas de desarrollo, pero muchos aspectos de una vía de esa índole se encuentran implícitos de alguna manera a lo largo de él. Nuestro interés aquí se limitará a presentar ciertos aspectos monetario- financieros, ligados a una reforma de fondo que generalmente no figura en las propuestas de “desarrollo" no-ortodoxas. Desde el siglo XIX y sobre todo con la Gran Depresión de los años treinta de la presente centuria, ha surgido una abundante bibliografía de obras teóricas que han tenido aplicaciones prácti­ cas y que no corresponden a la literatura dominante en economía, incluida la monetaria, que es la que nos interesará en este texto, si es que no la recusan de plano. Algunos de estos proyectos y esbo­ zos pretenden liberarse del sistema capitalista, sin dejar de lado las fuerzas inmanentes a las economías de mercado (como tal. se trataría de un concepto anarquista). Un componente importante en ello, con consecuencias que van mucho más allá de lo económico, es el de la reforma de la moneda y de las instituciones financieras y, más específicamen­ te, del crédito en el mundo actual. El presente trabajo es un inten­ to de relatar en términos muy generales el “estado de la cuestión" en este campo, en el que variados aspectos de la materia pueden ser novedosos incluso para expertos en teoría monetaria4. En ese entendido, el énfasis del presente trabajo estará diri­ gido principalmente a reivindicar la obra del economista auto­ didacta y comerciante germano-argentino Silvio Gesell (1862- 1930)5. cuya labor de "reformador social" recientemente ha veni- rrollo desde dentro - un enfoque neoestructuralista para la América Latina. México: Fondo de Cultura Económica, 1991; y Toye, John. Dilemmas of Deuelopment; Reflections on the Counter-Reuolution in Deuelopment Theory and Policy, Oxford: Basil Blackwell, 1987. 4. Sin embargo, hemos intentado escribir el trabajo de manera que tam­ bién pueda ser accesible a legos en la materia, si bien somos conscientes de que para ellos quizás la segunda parte resulte la menos apetecible y digerible. De manera que, para ellos y para quienes no estén interesados en los aspec­ tos teóricos de los dineros alternativos, les recomendamos pasar de la lectura de la primera parte a la tercera parte directamente. 5. La pretensión original de este trabajo consistía en presentar la vida y la obra de Gesell. rescatándolas del olvido y relevando sus diversas contribucio­ nes teóricas y de reforma social. A medida que avanzábamos en el estudio, sin embargo, nos convencimos de que valía la pena ir más allá de ese autor, no sólo incorporando las experiencias prácticas que derivaron de sus innova­ doras ideas, sino también analizando a otros autores que desarrollaron enfo­ ques o que trabajaron temas en líneas similares o paralelas a las de aquél. do atrayendo creciente interés -después de su impresionante auge en ios años veinte y treinta- durante los años ochenta5. Con lo que parecería que algún día John Maynard Keynes podría llegar a tener la razón, cuando dijo alguna vez que “el futuro aprenderá más de Gesell que de Marx"6 7 8. La voluminosa literatura que ha ido surgiendo sobre estos aspectos en los últimos años, sobre todo en alemán, es ignorada completamente por los economistas profesionales contemporá­ neos5. entre otros motivos, porque los autores y sus artículos con­ testatarios no ingresan a la corriente privilegiada de “información cotidiana". Lo mismo sucede con las experiencias de ciertas loca­ lidades o regiones, desperdigadas mundialmente, en las que se está experimentando con dineros “alternativos" o "complemen­ tarios” a la moneda “oficial’' nacional. Sin embargo, en la elaboración del presente texto nos ha animado -más que la sola pretensión teórica- la importancia que la implementación de estos enfoques financieros heterodoxos puede tener para contribuir a alentar el necesario -pero siempre postergado- proceso de descentralización a escala nacional que tanto requiere nuestro país, a efectos de fomentar -sin la necesaria participación del Estado Central- el desarrollo local y regional tomo sustento para promover una estrategia de desarrollo y una modalidad de acumulación verdaderamente nacionales. Es decir, estas propuestas provendrían directamente desde las iniciativas de las bases organizadas, nucleadas en torno a clubes de madres, organizaciones de comerciantes, gremios de micro y pequeños empresarios, colegios, entre otros. Dadas determinadas condicio­ nes, probablemente sería conveniente iniciar la labor desde las propias municipalidades (provinciales o distritales), al margen de sus conocidas limitaciones de toda índole. El rol de las Organiza- 6. Desde 1988 vienen publicándose sus Obras Completas en diecisiete to­ mos (sic). de los cuales a la fecha ya se encuentran en circulación -cuando menos- los primeros trece. 7. Opinión que seguramente es bastante exagerada (especialmente porque la historia aún no la confirma), pero no tanto como para decir que Gesell haya sido apenas un "reformador monetario, relativamente oscuro’’ (Dobb, Maurice. Teoría del ualor y de la distribución desde Adam Smith. Ideología y teoría económica, Argentina: Siglo XXI Editores, 1975. p. 160). sobre todo cuando ni siquiera se lo ha leído (más adelante veremos a otros autores que lo comentan e incluso lo cuestionan sin conocer su obra). 8. Sin embargo, las excepciones, que no pasan del número de dedos de una mano, constatan la regla. ciones No Gubernamentales (ONG) indudablemente será funda­ mental para el lanzamiento de los proyectos y para asegurar su conti­ nuidad en términos organizativos, financieros y de capacitación. Los objetivos-eje que se persiguen con esta reforma moneta­ ria son variados, incluyendo los siguientes: estimular la circulación monetaria para dinamizar y diversificar la actividad económica local; ‘'rebajar" el status del dinero al que poseen las demás mer­ cancías; y reducir sustancialmente o eliminar completamente las tasas de interés del circuito económico en que regiría el régimen monetario alternativo. Como consecuencia de ello, se revalorizarían los recursos y las capacidades locales; se reconstituirían y potenciarían los poderes loca­ les y regionales; se neutralizarían las exacciones y la coacción que han venido ejerciendo históricamente los gobiernos centrales y la banca privada sobre las regiones interiores; se configurarían esquemas de acumulación que refuercen a las provincias frente a Lima, a los pobres frente a los ricos, a los informales vis a uis los formales; se humaniza­ rían las relaciones económicas; se constituirían esquemas autocentra- dos y autodependientes de acumulación y de distribución a escala local y regional, especialmente en zonas marginadas por las dinámicas centralizadoras y concentradoras, tanto del capital como del gobierno; se evitaría el deterioro del medio ambiente y la sobreexplotación de nuestros recursos naturales, etc. Evidentemente somos conscientes de que ante tremendos propósitos -y los consiguientes desafíos- sería ingenuo creer que bastaría una reforma monetaria para alcanzarlos. Sólo se trata de una condición necesaria, pero ciertamente insuficiente9, para alentar el desarrollo local-regional que vaya potenciando paulati­ namente la nación en el competitivo contexto internacional. Pero es conocido que muchos esfuerzos valiosos que lo han perseguido tenaz y creativamente han fracasado precisamente por problemas de financiamiento, uno de los aspectos cruciales que cubre la reforma que aquí se planteará. El tema adquiere aun mayor rele­ vancia en el país desde la dación del D.L. 776 y, mayormente, por 9. Las demás condiciones y proyectos para el desarrollo local o regional han sido discutidas hasta la saciedad y nos llevaría muy lejos plantearías nuevamente aquí. Al respecto recomendamos la lectura de los siguientes textos, entre la copiosa literatura existente sobre el tema: Coraggio. José Luis, Ciudades sin rumbo. Investigación urbana y proyecto popular. Quito: SIAP- CIUDAD, 1991 (especialmente el capítulo 10); y Arocena. José, El desarrollo local - un desafío contemporáneo. Caracas: Nueva Sociedad, 1995. di recorte del gasto público (y sus implicancias para las finanzas locales), proceso iniciado con fuerza desde mediados del año 1995, para cumplir con las metas cuantitativas acordadas con el FMI y que se seguirán negociando con éste en los próximos años. Pero entremos en materia. Imaginemos que algún banco pnvado o cooperativo pequeño de cierta localidad emita su propio minero en forma de billetes denominados “lunas” , “verdes” o "valiosos” . O que algunas fábricas entreguen “certificados de tra­ bajo" -equivalentes a una determinada proporción de las remune­ raciones- a sus trabajadores, quienes podrían adquirir lo que de­ seen en las tiendas del vecindario a cambio de ellos. Más aún, que bodegas y restaurantes, a efectos de financiar la expansión de su planta física o su capital de trabajo, ofrezcan “cupones de des­ cuento” a sus clientes más asiduos, los que éstos redimirían en un plazo prudencial por los productos y servicios que aquellos ven­ den; procedimiento que podrían emular asimismo artesanos, agri­ cultores y otros para solventar sus gastos de inversión. De igual manera, podríamos pensar en ciertos gobiernos locales que decidan imprimir autónomamente sus propios billetes, tales como el “ayacuchano” , “cuzqueño” , “huancaíno” o “maleño” . O que el gobierno provincial de Lima emita bonos a fin de cubrir los ingresos que el D.L. 776 le ha negado. Finalmente, bien po­ dría considerarse que determinadas instituciones (cooperativas, gremios, ONG's) o grupos de personas relacionadas (por la amis­ tad, la vecindad, el colegio o la profesión) intercambien entre sí bienes y servicios sobre la base de cheques que serían impresos por ellos mismos y que corresponderían a cada una de esas orga­ nizaciones (las que, además, contabilizarían las transacciones realizadas entre sus miembros). En pocas palabras, ¿no sería posible imaginar circuitos eco­ nómicos autodependientes basados en medios de cambio alterna­ tivos o, por lo menos, complementarios a la moneda nacional oficial? ¿Estaría permitido ese procedimiento de “dineros libres”? ¿Qué consecuencias tendrían? ¿Serían viables y deseables? Expuesto a estos planteamientos, un buen economista ex­ clamaría despavorido que ello “llevaría a la anarquía” , que “sería ilegal” , que “acabaría con la autoridad del Banco Central” , que "desembocaría en otra hiperinflación” , que “implicaría costos de transacción muy elevados” , que conduciría al “paraíso de los falsificadores” , por decir lo menos. Contra tales “argumentos", el presente texto está dirigido a demostrar -incluso en apoyo de ideas elaboradas por eminentes economistas convencionales- que es posible diseñar un sistema monetario complementario (o, incluso, alternativo) al del dine­ ro de curso legal, que sería más eficiente, tendría menores costos (exceptuando quizás los de transacción) y cumpliría más adecua­ damente con los requerimientos del "desarrollo'’ a escala nacional y, muy en particular, en los niveles locales y regionales. Los dine­ ros “nacionales” no tienen por qué ser sagrados; ni el sol peruano, ni el dólar norteamericano, ni el franco suizo lo son, aunque sean nuestros ídolos actuales. Más precisamente, estamos pensando en concebir el diseño y la implementación de uno o de varios medios de cambio locales o regionales que permitan fomentar la descentralización del país y la desconcentración del poder. Estamos convencidos de que las ideas aparentemente absurdas e ilusas que presentaremos más adelante podrán tener arraigo en la sociedad civil, especial­ mente entre los perjudicados por el sistema financiero nacional, en la medida en que el proyecto los puede potenciar en varios senti­ dos. Como se verá, ciertamente no se trata de una panacea para resolver todos los problemas del “subdesarrollo'’ , pero sí puede constituirse en un vehículo transcendental para dinamizar las eco­ nomías locales y asegurar su expansión endógena, con lo que se iría democratizando la sociedad, siempre y cuando la reforma global y las iniciativas específicas en ese sentido vayan acompa­ ñadas de proyectos novedosos y viables en las esferas productiva, sociocultural, institucional, educativa y organizativa de los intere­ sados y comprometidos con la propuesta. Esta concordancia entre la reforma monetaria y las iniciativas en otros campos es indispen­ sable puesto que, recordando a Keynes, “si nos vemos tentados de asegurar que el dinero es el tónico que incita la actividad del sistema económico, debemos recordar que el vino se puede caer entre la copa y la boca” 10 11. Considerando ese contexto, el libro ha sido organizado en tres partes11. Una primera se ocupará de relatar las experiencias prácticas de funcionamiento del “dinero libre” , es decir, de me- 10. Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México: Fondo de Cultura Económica, 1970, p. 156 (y p. 173 en el original en inglés de 1936). 11. Cada una de las cuales creemos que bien podría leerse como un ensa­ yo aparte e independiente de los demás. ¿ios de cambio alternativos o complementarios al dinero oécial. En ella se describirán los experimentos de los años treinta Icomo consecuencia de la Gran Depresión, incluidos algunos antecedentes), así como los de la posguerra, especialmente los ruciados durante la década pasada. Con ello se pretende, de una pare, recordar un "capítulo olvidado" de la historia económica de esa ¿poca (Onken. 1983) y. de otra, ir familiarizando al lector con las peculiaridades prácticas del sistema en el mundo contemporá­ neo. que bien podría aplicarse al caso peruano en condiciones y ámbitos que aún habría que precisar. En la segunda, estudiaremos las bases conceptuales y teóricas desamolladas por economistas y otros pensadores socia­ les a lo largo de la historia y que generalmente han inspirado o servido de sustento para implementar los experimentos moneta­ rios descritos a lo largo de la primera parte. La lista de autores "clásicos" sobre la materia abarca representantes de escuelas eco­ nómicas tan variadas como la mercantilista (Boisguilbert), la de los socialistas utópicos (Proudhon), la de una facción de la anarquista (Gesell). la monetarista (Irving Fisher), la austríaca (Hayek) y la keynesiana (aparte del propio Keynes. Dudley Dillard): mientras que los más importantes autores contemporáneos incluyen a todo un heterogéneo "ejército de herejes" (en el sentido de Keynes) desconocidos -para los economistas ortodoxos- como Edgar Cann, Helmut Creutz, William Darity. Thomas Estermann. Paul Glover. Thomas Greco. Matina Hámmerli. Michel Herland. John Hotson. Margrit Kennedy. Bernard Litaer. Michael Linton. Wemer Onken, Edwin Riegel, Wemer Rosenberger. Klaus Schmitt. Lewis Solomon. Dieter Suhr, Robert Swann y Susan Witt. entre otros . Finalmente, analizaremos las características y las posibilidades teórico-prácticas de aplicar ese heterodoxo esquema moneta­ rio a escala nacional, tarea que hasta ahora no se ha intentado en país alguno. A lo largo de la parte tercera y final de este ensayo, induda­ blemente la más atractiva (pero también la más arriesgada), anali­ zaremos las posibilidades de aplicación de estos esquemas monetarios al caso peruano a niveles subnacionales, enfa­ tizando su viabilidad para los ámbitos locales. Luego de analizar la actual modalidad de acumulación y el sistema financiero del Perú y sus consecuencias, esbozaremos algunos lincamientos generales 12 12. Consúltese los trabajos de cada uno de ellos en el Anexo Bibliográfico. que podrían ser de utilidad -considerando las especificidades del espacio al que se aplicarían- para elaborar un programa general y proyectos-piloto para diversos ámbitos, los que específicamente podrían abarcar los espacios más disímiles: desde la macrourbe Lima-Metropolitana o su Cono Norte, pasando por la región Inka o la ciudad de Huancayo, hasta llegar a un pueblo como Mala o Chincheros, sólo a manera de ejemplo e ilustración por el momento. La idea de escribir el presente texto surgió originalmente en Berna, en 1994, en el marco de un seminario sobre pobreza, al que me invitó SWISSAID. Luego de presentar mi ponencia, en la que hablé marginalmente del tema monetario, Wemer Rosenber- ger y Matina Hámmerli me invitaron a almorzar y me expusieron el experimento de los “Talentos" que estaban implementando en Aarau (Suiza). Pensaba entonces que estaban delirando o que el licor les había hecho daño. Pero debo haber puesto cara de estar muy interesado, de manera que me regalaron varias de sus publi­ caciones. A los pocos días las leí y me fascinaron las ideas que se derivaron de ahí...desde entonces mi biblioteca y mi cerebro sólo se han expandido con libros y folletos sobre “dineros libres". Gracias al apoyo del Departamento Académico de Econo­ mía de la Universidad pude asistir al Primer Seminario Sobre Des­ centralización, organizado por la Schumacher Society y realizado en el Williams College (Williamstown, Massachusetts) a fines de junio del año pasado. En ese evento se presentaron variados en­ foques y experimentos recientes con "dineros locales” en los EE.UU. En esa ocasión tuve la magnífica oportunidad de departir con Tom Greco y Lewis Solomon, quienes me hicieron valiosas sugerencias para la elaboración de este texto13. El autor ha recibido múltiples comentarios críticos a la ver­ sión primigenia de este trabajo. Un mérito especial corresponde a Carmen, mi esposa, por su permanente apoyo y en especial por las interminables discusiones que hemos tenido sobre este tema y que me han permitido perfeccionar gran parte de los planteamien­ tos aquí vertidos. Agradezco a mis colegas y amigos, Alberto Acosta, Carlos Amat y León, Alberto Graña, Félix Jiménez, Jorge Oroza, José Luis Reissig-y John Sheahan, quienes leyeron pacien- 13. Dicho sea de paso, estos dos autores han escrito los trabajos introduc­ torios más valiosos en torno al tema que aquí trataremos. Véase: Greco. Thomas, New Money for Healthy Communities. Tucson, Arizona: 1994; y Solomon, Lewis, Rethinking Our Centralized Monetary System - The Case for a System o f Local Currencies, Westport-Connecticut, London: Praeger, 1996. Kmenie el manuscrito. Carmen Salas me asistió en la elaboración de las estadísticas y otros aspectos cruciales del presente trabajo. La labor de filigrana que realizaron Felipe Portocarrero Suárez y Malena Romero para que el presente texto sea legible y la biblio­ grafía esté completa fue invalorable. En otro sentido, lo mismo ■ale para Abraham Tello, de nuestra Biblioteca, Héctor Maletta 3-enos Aires) y Ursula Schuldt (Hamburgo), quienes lograron conseguirme parte importante de la inubicable bibliografía nece­ saria para su redacción. Reconozco los desinteresados e invalora­ bles aportes de cada uno de ellos y, obviamente, ninguno tiene responsabilidad alguna por los errores y apreciaciones aventura­ das que aún pueda contener esta versión. Aún tenemos la espe­ ranza de poder ir perfeccionándola en el transcurso de los próxi­ mos años, en especial en lo que a las aplicaciones prácticas se 14renere . 14. De partida quisiéramos advertir al lector que los temas que elaborare­ mos aquí, a pesar de lo sencillo y hasta simplista que parecen a primera vista, resultan altamente complicados teóricamente y, sobre todo, en lo que respec­ ta a sus aplicaciones concretas. Por lo demás, todavía falta realizar mucha investigación y experimentación simulada para llegar a conceptos y propues­ tas más firmes, especialmente en lo que atañe a su posible adopción en el Perú y demás países andinos. Pensamos que. para quienes (todavía) tienen la mente abierta y flexible, estos planteamientos pueden abrir nuevas vías para alentar con coraje formas novedosas de convivencia humana, más libres y solidarias que la actual. En esa dirección, este texto quiere animar a econo­ mistas académicos jóvenes para que sigan por lo que creemos es una fructífe­ ra y estimulante ruta de indagación por carriles no convencionales y que bien podrían contribuir sustantivamente al bienestar de los pueblos, regiones y estratos más pobres y marginados del país. PRIM ERA PARTE A L G U N A S EX PERIENCIAS C L Á S IC A S Y C O N T E M PO R Á N E A S DE D E SA R R O LLO L O C A L C O N M O D E L O S M O N E T A R IO S H E T E R O D O X O S ’ Introducción “Hubo un tiempo en el que la gente estaba tan convencida que la tierra era plana, que la idea de que fuese redonda era inconcebible. De igual manera, hoy en día, la idea de que una comunidad o región emita y use su propia moneda y tenga su propio banco también parecería injustificable. Sin embargo, así sucedió." David Weston1 Como consecuencia de la prolongada crisis económica de los años treinta del presente siglo, surgieron los más variados es­ quemas de intercambio no convencionales de mercancías (en algunos casos, incluso, se retomó al trueque), entre los que destacan determinados experimentos monetarios heterodo­ xos, que se constituyeron en elemento básico para propiciar for­ mas de vida más humanas en libertad1 2. Sin embargo, estos alec­ cionadores casos -exitosos en su mayoría- se dieron casi exclusi­ vamente en espacios pequeños, a escala local o regional, y en menor medida dispersos a niuel nacional. Esos procesos se materializaron principalmente en varios países europeos, continente en que resaltan los logros alcanzados por algunas regiones alemanas y austríacas, probablemente por­ que la educación de la población involucrada era muy sólida, porque estaban sustentados en la responsabilidad propia y la soli­ daridad y confianza mutuas, porque sus impulsores conocían las bases teóricas de esos inéditos esquemas (en su mayoría publica­ 1. «Depreciating Community-Owned Currencies», en New Economics. No. 11. 2. Evidentemente esas propuestas estuvieron basadas en filosofías más amplias, con programas de cambio “estructural" mucho más profundos que la sola modificación del sistema monetario, temas que escapan al análisis que aquí se propone y que es el menos conocido en esa dirección. La variedad de proyectos va desde un cambio total del sistema capitalista y su sustitución por sistemas económicos alternativos, pasando por modificaciones en el propio sistema capitalista (sin cambiarlo en sus elementos básicos), hasta llegar a propuestas de ajuste marginales. 22 Jürgen Schuldt das en alemán) y porque esos países habían experimentado dra­ máticos procesos hiperinflacionarios a principios de los años veinte (ver Acosta y Schuldt, 1994: cap. 3). En ese período tam­ bién se inician muchas y muy variadas experiencias interesantes en los EE.UU. y algunas en Canadá (Fisher, 1933; cap. V). Curiosamente, sin embargo, también con posterioridad a la Gran Crisis (Kindleberger, 1973), se siguió experimentando con estos esquemas de "dinero libre” en otras latitudes, como reac­ ción a otras depresiones y en las más diversas modalidades, llegando incluso a la América Latina, proceso que sorprenden­ temente continuó durante el largo período de auge económico de posguerra, los famosos “Años Dorados” de 1945 a 1973 (Singer, 1989). Es decir, no se trataría, por tanto, de esquemas de intercambio alternativos válidos sólo para períodos de depre­ sión, sino que también podrían adoptarse en épocas de auge económico. No obstante, nosotros creemos que son programas más útiles para zonas (localidades o regiones) en depresión, marginadas o pobres de una nación, aunque ésta pueda encon­ trarse macroeconómicamente en recuperación o incluso en ple­ no boom económico. Hoy en día, en las más variadas zonas geográficas del mun­ do, a pesar de la “mundialización” monetaria, persisten los inten­ tos de instaurar estos sistemas monetarios, una de cuyas prin­ cipales ventajas es que tenderían a llevar las tasas de interés a cero (o a niveles muy reducidos), si bien nuevamente vienen siendo aplicados sólo en espacios subnacionales relativamente restringidos. Como veremos, esos variados modelos de “dinero alternativo” presentan grandes ventajas respecto a los esquemas monetarios ortodoxos. Sin embargo, las costumbres monetarias de las sociedades están tan enraizadas (p.ej., nadie se puede imagi­ nar que el dinero prestado no reciba o no pague intereses) que resulta difícil su concepción y, mucho más, su implementación, como en muchos aspectos de la vida humana, según lo reconoció en una frase muy celebrada de hace sesenta años el propio Key- nes: “Estoy seguro de que el poder de los intereses creados se exagera mucho comparado con la intrusión gradual de las ideas. No, por cierto, en forma inmediata, sino después de un intervalo; porque en el campo de la filosofía económica y política no hay muchos que estén influidos por las nuevas teorías cuando pasan Introducción 23 de los veinticinco o treinta años de edad, de manera que las ideas que los funcionarios públicos y políticos, y aún los agitadores, aplican a los acontecimientos actuales, no serán probablemente las más novedosas. Pero, tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados las que presentan peligros, tanto para mal como para bien'’ (1936: 384 en el original y 337 la versión castellana3)4. Todos esos paradigmas teóricos y experimentos prácticos, considerando sus éxitos y fracasos, vienen siendo tomados en cuenta incluso hoy en día como gérmenes de un mundo me­ jor5, en un intento por encontrar formas de sociabilidad e institu­ ciones sociales y económicas alternativas, más humanas a las que caracterizan al sistema capitalista dominante. En los años treinta se partía de la idea de una federación de comunidades económi­ cas autónomas que comerciaban entre sí sobre bases más justas (Onken, 1983: 63). En años recientes -sobre todo desde la década pasada- ha resurgido el tema y se han puesto en marcha varios esfuerzos en esa dirección, nuevamente en la microescala-local y, en el me­ jor de los casos, a nivel meso-regional, por razones que estudia­ remos más adelante. Adelantándonos a la materia conviene señalar que existen propuestas -aún no experimentadas- a escala nacional (tanto la idea original de Silvio Gesell de 1916, como la refrendada por 3. De aquí en adelante, salvo que se indique lo contrario, todas las negri­ llas son nuestras. 4. En realidad, habría que añadir hoy: son las ideas y los intereses creados (éstos hacen uso de ellas para servir a sus requerimientos) los que pueden presentar esos ‘peÜ9ros’ y otras amenazas para el bienestar humano, para bien o para mal. 5. A este respecto se nos vienen a la mente las experiencias más variadas del siglo XIX: la colonia “New Harmony” del socialista Robert Owen (1771- 1858), fundador espiritual de las cooperativas de consumo y de trabajadores; las iniciativas para fundar colonias de bienes socializados del francés Cabet; la idea de la cooperativa de colonización del economista “socialista liberal” Franz Oppenheimer (1864-1943), de quien provinieron diversas inspiraciones para impulsar el movimiento ’kibbutz' (para este autor la esencia del problema social derivaría del “monopolio de la tierra” ostentado por los latifundistas). Para muchos autores los experimentos originales de Austria y Alemania de los años treinta habríanse derivado en gran parte de la obra del filósofo de la cultura Gustav Landauer (nacido en 1870). 24 Jürgen Schuldt Irving Fisher más tarde en 1933, se ubican en ese ámbito macroe- conómico) e incluso a nivel internacional (tal como fuera sugeri­ da por Keynes en 1942-43) en esa misma dirección. Por interme­ dio de ellas se intentó introducir medios de cambio y mecanismos monetarios nuevos a escalas más amplias que los estrechos espa­ cios locales (ver Parte 11). A pesar de ello, nosotros pensamos que desde estos últimos niveles surgirán los gérmenes para implemen- tar posteriormente esquemas de mayor envergadura territorial. De una u otra forma, acompañadas por otras transforma­ ciones, como la tributaria y la de la propiedad de la tierra, lo que pretende la mayoría de los autores heterodoxos -de quienes nos ocuparemos en este ensayo- es encontrar un sistema de economía de mercado sin capitalismo6. Es decir, según estos autores, para modificar el capitalismo no sería suficiente -aunque sí necesario- erradicar sus esquemas monetarios convencionales. Esta primera parte del trabajo se ocupa únicamente de los experimentos prácticos y de casos específicos de funciona­ miento de "dineros alternativos-’7, lo que posteriormente facilitará 6. Entendido éste de manera muy peculiar como veremos. Sin embargo, excluimos del análisis a los autores que propugnan un "socialismo de merca­ do". la que indudablemente es aún una alternativa muy atractiva, desde los trabajos pioneros clásicos de los economistas Fred M. Taylor. norteamericano, y Oskar Lange (1904-1970). polaco, pasando por los del yugoeslavo Branko Horvath (1928-) y el checo Jaroslav Vanek (1930-) -bien conocidos estos dos últimos en el Perú por su presencia en el debate del período velasquista en torno a la autogestión y el "sector de propiedad social"- hasta los más recien­ tes defensores del "socialismo de mercado". En cada caso se trata de atar el sistema de mercado libre con los principios del socialismo. 7. Esta sección se ha elaborado esencialmente sobre la base de la siguiente bibliografía: Muralt, Alex von. "Der Wórgler Versuch mit Schwundgeld". 1933. reimpreso en Schmitt. Klaus (ed.), Silvio Cesell-'Marx' der Anarchisten? (Silvio Gesell-¿E1 'Marx- de los anarquistas?), Berlín: Karin Kramer Verlag. 1989; Fisher. Irving, Stamp Scrip. Nueva York: Adelphi Co., 1933, caps. IV y V; Onken. Wer- ner. "Ein vergessenes Kapitel der Wirtschaftsgeschichte-Schwanenkirchen. Wórgl und andere Freigeldexperimente" (Un capítulo olvidado de la historia económi- ca-Schwanenkirchen. Wórgl y otros experimentos con dinero libre), en Zeitschrift für Sozialókonomie. Nos. 57 -58. mayo 1983; Suhr. Dieter, Alterndes Celd. Das Konzept Rudolf Steiners aus geldtheoretischer Sicht, Schaffhausen: Novalis Verlag. 1988; Paster, Berhard R.. Das Schwundgeld von Wórgl-Versuch einer Deutung aus heutiger Sicht.. Viena. tesis de economía, 1992; Rosenberger. Wer- ner (ed.). Wachstum bis zur Krise?, Suiza. International Vereinigung für Natürli- che Wirtschaftsordnung. INWO (Asociación Internacional para un Orden Eco- ¡Itaftad--cción 25 llia¡ comprensión de las concepciones, paradigmas y teorías que se afargan tras ellos, casi sin excepción inspiradas principalmente en la heterodoxa obra del próspero comerciante, pensador social y escritor económico germano-argentino Silvio Gesell (de quien nos ocupare- amos. entre otros, en la segunda parte)8. Un primer capítulo de esta primera parte se ocupa de los expe­ rimentos pioneros en el campo de los "medios de cambio hetero­ doxos", tal como fueran adoptados en las más diversas regiones del mundo, básicamente durante los años de la Gran Depresión9. La segunda sección describe brevemente los experimentos de posguerra, con énfasis en los de vigencia contemporánea, en EE.UU., Suiza, Australia, Canadá, Argentina, etc. El tercer acápite presenta una comparación sintética de las diferencias y similitudes entre los diversos sistemas, incluyendo la exploración de las principales lecciones10 que se pueden ex­ traer de este recorrido, tanto en general como -esperamos que nómico Natural), 1990; Kennedy, Margrit, Geld ohne Zirtsen und Inflation-Ein Tauschmittel das jedem dient, Munich: Wilhelm Goldmann Verlag, 1991; lthaca Money, revista bimestral, varios números; Reissig, José L.. "Local Monies in Northern Argentina", mimeo, 1991, versión definitiva publicada como “Bonds that Brought a Boom", en New Economics, No. 20, Winter, Londres; Creutz, Helmut, Das Geldsyndrom-Wege zu einer krisenfreien Marktwirtschaft. Mu­ nich: Wirtchaftsverlag Langen Müller/Herbig, 1993; Estermann, Thomas, “Geldtheoretische Überlegungen zum TALENT-Experiment von Aarau". en Alter- ratiue Geldmodelle: Zwei Beitráge zur praktischen Umsetzung, 1NWO, 1993, pp. 9- 49: Greco, Thomas H., New Money for Healthy Communities. Tucson, Arizona: 1994; Swann, Robert y Susan Witt, Local Currencies: Catalysts for Sustainable Regional Economies, Great Barrington, Massachusetts: E.F. Schumacher Society, 1996; y Solomon, Lewis D., Rethinking our Centralized Monetary System-The Case for a System o f Local Currencies, Westport-Connecticut. London: Prae- ger, 1996. 8. Originalmente, este trabajo fue pensado para introducir únicamente al pensamiento económico de Silvio Gesell, tema que será tratado en una pró­ xima oportunidad. 9. Existen experimentos previos, incluso en la Edad Media, que dejamos de lado en este estudio, básicamente porque responden a otro espíritu y no se sustentan en teorías sino más probablemente en intereses específicos. Sólo haremos una breve alusión a un caso concreto muy ilustrativo de esa remota experiencia en la sección 1.3.2. 10. Que pueden encontrarse más detalladamente desarrolladas en "Síntesis y conclusiones tentativas” al final del libro. 26 Jürgen Schuldt también- para el Perú en especial (tema que trataremos en las propuestas que se plantean en la tercera parte de este trabajo). Antes de emprender las fascinantes y azarosas rutas que recorrieran esas ingeniosas experiencias monetarias o de inter­ cambio alternativas, convendría sintetizar brevemente las con­ cepciones teóricas básicas comunes que se encuentran tras los "dineros libres", a fin de facilitar la lectura de los textos que siguen. Obviamente se trata sólo de una primera aproximación, cuya historia y complicaciones teóricas detallaremos en la segunda parte. En primer lugar, quienes implantaron estos esquemas consi­ deraban que la principal causa de la depresión o retraso económi­ co (de un país, una región, una localidad) radica en la mecánica de transmisión y movimiento del dinero como medio de cam­ bio (esfera de la circulación), más que sólo en la dinámica pro­ ductiva como tal11. En segundo lugar, esas crisis se deberían al hecho de que la gente atesora (probablemente en exceso) el dinero, restándole fluidez al circuito económico. En tercer lugar, y ligado a lo anterior, el dinero es un bien superior a las demás mercancías que se transan en el mercado, ya que -a diferencia de éstas11 12- no se pudre, evapora, oxida, apesta o deshace; por supuesto, asumiendo la ausencia de proce­ sos inflacionarios. De ahí que, en cuarto lugar, haya que "rebajar artificialmen­ te el status del dinero al nivel de las mercancías", lo que puede lograrse imponiendo alguna forma de "impuesto" o tarifa a quien mantenga el dinero sin uso (atesorándolo), con lo que se estimularía su circulación. Finalmente, lo que se propugna con estos esquemas es con­ seguir tasas nulas de interés (activas y pasivas) en el largo pla­ zo (o incluso, como veremos, negativas), conduciendo a la 11. En general, en esa época predominaba la hipótesis de la sobrepro­ ducción como causa de la profunda y prolongada depresión. Los autores de esta concepción de dineros "alternativos" la cuestionan en gran parte y postu­ lan una explicación más "monetarista” . 12. Excepción hecha de la tierra, por razones que explicaremos en su de­ bido momento. Incrccucción 27 '"eutanasia del rentista", en el sentido que le diera Keynes (1936; nema que trataremos en la Parte 11). Indudablemente, en la práctica, como se verá a continua­ ción. las diferencias entre los sistemas aplicados efectivamente fueron y pueden ser muy grandes, pero casi todas coinciden en las concepciones generales sintetizadas en los párrafos anteriores, implícita o abiertamente. Por lo demás, como ya lo hemos señala­ do. esos autores pretenden instaurar un nuevo sistema económi­ co. más justo y humano, lo que implica introducir variadas refor­ mas que habrán de ir mucho más allá de la puramente monetaria, pero cuya explicación y análisis trasciende largamente los propósi­ tos específicos de este trabajo. I. Monedas alternativas de los años treinta Esta primera sección se limita a exponer los experimentos mone­ tarios no convencionales adoptados durante la Gran Depresión, enfa­ tizándose en las descripciones de las experiencias alemana y austríaca, por un lado, y de las norteamericanas por el otro. Esta exposición es más detallada que los apartados siguientes para que el lector se pueda compenetrar mejor con las peculiaridades de estas formas no tradicio­ nales de dinero o medios de cambio, los canales y métodos que se utilizaron para implementarlo y sus consecuencias inmediatas. 1.1 El esquema de Wara Esta propuesta se sustentó en la organización de un consorcio para la transacción de bienes y servicios sin “dinero oficial” en regiones y ciudades importantes de toda Alemania. Si bien su éxito no fue sino parcial, su mérito radica en el hecho de que sirvió de prueba y guía para llevar a cabo experimentos posteriores en el propio continente europeo y en otras regiones del mundo. 1.1.1 La Sociedad de Intercambio En 1926 se iniciaron los preparativos para la comprobación práctica de las supuestas bondades del “dinero de circulación segura” postuladas por Silvio Gesell. Un amigo de éste, Hans Timm, decidió implementar efectivamente el sistema en la ciudad de Erfurt, a partir de octubre de 1929,. prácticamente al mismo tiempo en que se inició la crisis económica mundial con el de­ rrumbe de la Bolsa de Nueva York. Ello sucedió con la fundación de la ‘Sociedad de Intercambio Wárd. Wára es un acrónimo que resulta de la peculiar combinación de dos conceptos del alemán: VJare (mercancía) y Wáhrung (dinero o signo monetario). De acuerdo con sus estatutos, se trataba de una asociación privada para enfrentar el desempleo y los obstáculos que se in­ terponían (la falta de liquidez, en especial) a la fluidez de las ven­ 30 Jürgen Schuldt tas que desde entonces se observaba de manera dramática en prácticamente toda Alemania, pero que estaba impactando con especial gravedad a ciertas regiones; y, como observáramos, no necesariamente siempre las más apartadas del circuito económico más dinámico. Su objetivo consistía en facilitar y dinamizar los intercambios de bienes y servicios entre sus miembros a través de la emisión de bonos de intercambio. Estos se emitieron en cuatro denomina­ ciones. correspondientes a un medio, uno, dos y cinco Wáras, que equivalían a 0.5. 1, 2 y 5 Reichsmark, respectivamente. La mayo­ ría de experiencias posteriores también siguieron esta 'receta' del tipo de cambio de 1 a 1 entre el dinero heterodoxo y la moneda oficial (100 centavos de Wára = 1 Marco del Reich Alemán). Véanse las copias del anverso y reverso del billete de dos Wára (del año 1931) que hemos reproducido en el Facsímil No. 1. Siguiendo el recetario de Gesell (materia de la segunda par­ te, capítulo 1). estos billetes Wára estaban atados a un esquema que obligaba a su circulación relativamente inmediata, preci­ samente para evitar o minimizar los atesoramientos monetarios que podían desembocar en crisis económicas o agravarlas1. Esto se conseguía envejeciendo artificialmente el dinero por el hecho de que. en el dorso de cada billete (bono), se habían im­ preso veinticuatro espacios en los que se tenía que pegar una estampilla cada quincena (en fechas prefijadas e impresas al dorso del billete), cuyo valor era equivalente a medio por ciento del valor nominal del billete. Así. al iniciarse cada quincena, el que tenía en sus manos un billete de 2 W debía cancelar un cen­ tavo de marco alemán, lo que equivalía a la “depreciación forza­ da” paulatina del bono (6% anual). El pago de esa “tarifa” (es decir, la compra de la estampilla que tenía que adherirse en el reverso del bono-billete) se realizaba en las "casas de cambio” locales del sistema. De lo contrario, al mes siguiente, el valor nominal de su moneda ya no tendría el valor impreso en él y nadie lo aceptaría para realizar intercambio alguno de bienes o servicios. 1. Se supone que como resultado de un estancamiento de la demanda respecto a la oferta. Ciertamente, ésta es una concepción relativa, ya que originalmente la falta de demanda era el problema, pero el dinero alternativo también podía estimu­ lar la presencia de ofertas especificas (en condiciones de escasez). t, ·~ .. ~ j TauJ::hq•selllchaft : Sib' Et•furt Hochlwlm, Ohma.nn : Hans fimm. C.rfurt ¡ Hochh oim . G,.sth ltN .r atolle : Relnnard Rtidi ger . Berlin. SO 36, Laus lt z e r S:r af~ .J 2. Ohn• Kontroii·Prlgestempel UnQDitlgl Nac.hahmung und f jlschung ~ind strafh ~tr ! j; :::> < ro ú1 o 'G -< o:l ~ o 0¡ :z o o ~~-cr . ~;;¡;,. íii o. ro N ~ ..,., 1» n (/j [ :z ? ~ ¡ Ol fif -< :::> 9!-;:::· Ol V> o. ro o V> Ol :::>• o V> :::¡- ro 5" Oí w ....... [5'~ "' :l "' 3 ~ ~ 01 "' () < ... ¡;· "' ::0 :l @ o 9:!.. 5' ~ -o -· :l 01 tO eJ ... e: "' 01 :l .... c:tOlfil :J - ~~ 9 Ei' :2 g- 2 r:¡ :l 01 :l [TJC:~ 8 :;; m :J9-P.. O• ro- 3 - r;· :2 ~ o -· Q zftg. 01 () "' c~t: @ ~ 3 .::::o o- .... ~ -· ...... 0.. "' \0 :l "' \0 e: S:: o:l"" -O> (/) - o -() :l ~· ~~ -· :l O · 01 :l ' Seri~ C • t_,. •' ~~~_¿~~:-;~ ii_+if. .~ .... , f_. í ;Q.~.'l ~~V~ ~ . . ..... ~ 'i Tagen trílt eln PreJncrlu•t ''Oft t f.l/0 e1n, falla der Vcrlual oicht 'du.rch Aufklebetieat';.~ . ;:w~~e:::;,~n~:,~:'!~r~~u~ ~a! ~.'D!~~~~r: bis 10. Jan. 1932 wíid dio Wira von der CucbOfluhdle unJ ll~n Woohnblellcn ·der . Tauoch~oJel!.cball gc~eu Wllro du Jobr .. 19J..t ko•lenlo• umQ~tau¡ohtuoter Abz:u12 etwa lehloader C•ntmor~ca. Nach d•m 10. Jaa, 11'!'. -----------,,1932 wlrd dloaer Scbeín voa der Touaeb, ... TAU$CHGESELLSCHAFT ••Hechall akhl IDOhr •••enommoa.. ,J ¡,A. ~..,.;.,e;;;:-... ?.,.J.:~~ ~~4:4r LM..¡ \..l t '• w t'V c.. C:' t3 "' :l (/) () :,­ e: g: Monedas alternativas de los años treinta 33 En ese sentido, las estampillas equivalían a una “multa” a quienes no utilizaban el Wdra; y, más específicamente, a quienes lo tenían en el bolsillo el último día de la quincena, momento en que debía cancelarse y adherirse la estampilla. De manera que ¡a única forma que los agentes económicos tenían de escapar o de minimizar esas multas que amenazaban a cada billete consistía en mantener en un mínimo la demanda monetaria, liberándose el poseedor de su bono lo antes posible. Es decir, era necesario devolver lo antes posible el bille­ te a la circulación, sea para comprar bienes y servicios, sea para ahorrarlos en el “sistema financiero’' del esquema, con lo que serviría nuevamente para otorgar créditos a otros. Así, en este caso, la amenaza del “ impuesto” del medio por ciento mensual mantendría en circulación más estable todos los billetes, lo que equivalía a una forma de “castigo” al atesoramiento2, permitiendo acelerar o estabilizar el movimiento monetario3, según la coyuntu­ ra económica. Con la culminación del año (desde el día en que se emitió el billete), exactamente a los doce meses, cuando las dos docenas de campos rectangulares que ocupaban el dorso de los billetes ha­ bían sido completadas íntegramente con las estampillas corres­ pondientes. se podía cambiar cada uno de ellos por un nuevo billete (del mismo valor), sin costo alguno4. Con ello resultaba posible volver a iniciar la circulación, o -en su caso- también podía convertirse el bono a su valor nominal en dinero legal (sin des­ cuento alguno). 2. Sea 'bajo el colchón' o "en las medias” , sea en el sistema bancario con­ vencional en forma de depósitos a la vista. En ambos casos equivalía a la sustracción 'productiva' de la localidad o región en la que debía circular. 3. Nótese que, en la propuesta original de Silvio Gesell, cabe adelantar que la “depreciación monetaria” debía ser semanal, a un ritmo del 1%; tasa que de por sí era elevada, más aún en ese momento, en presencia de proce­ sos deflacionarios. 4. Sin embargo, la redención debía darse en un plazo determinado. Por ejemplo, en el billete impreso en el Facsímil No. 1 se señala claramente que: “Desde él 20 de diciembre de 1931 hasta el 10 de enero de 1932 la Sociedad de Intercambio no cobraría nada para redimirlo” (a no ser que las estampillas no hayan sido completadas en su totalidad). Después del 10 de enero, en cambio, ya no se aceptaría el billete. 34 Jürgen Schuldt Además, es necesario recordar que tales bonos podían ser redimidos en cualquier momento, incluso antes del trans­ curso de su validez oficial de un año. Pero en ese caso había que pagar un “ impuesto” del 2%, con lo que se obtenía el equivalente en Reichsmark de los Wdras que uno entregaba a las casas de cambio. Para tal efecto, evidentemente, la Socie­ dad de Intercambio poseía un fondo preuisional de redención, lo que le otorgaba una mayor confianza y estabilidad al medio de cambio puesto en circulación en circunstancias tan críticas. A sólo dos años de iniciarse la experiencia de esta Sociedad, ya pertenecían a ella -como miembros plenos- alrededor de mil empresas de las más diversas regiones del antiguo Reich Alemán. Entre ellas figuraban firmas de las más variadas ramas, en su ma­ yoría pequeñas y medianas: pecuarias (lecherías, camales), indus­ triales (panaderías, imprentas), comerciales (venta de flores, mue­ bles, electrodomésticos, libros, bicicletas, etc.) y de servicios (peluquerías, restaurantes). En cada una de las tiendas asociadas al sistema, ubicado en un lugar prominente, podía leerse el siguiente cartel: “Aquí se reciben IVdra” , denominación que se le daba a los bonos de inter­ cambio, los que -en cualquier momento, si bien con el menciona­ do descuento de su valor nominal- podían ser cambiados por marcos (del Reich), por otras divisas o contra recibos de las casas de cambio del sistema . De manera que entre el conjunto de empresas nombradas y las personas que hacían uso de ese bono se fue constituyen­ do paulatinamente un circuito económico relativamente sepa­ rado del sistema dominante, gracias al uso de medios de pago parcialmente sustitutos al marco. Las empresas pagaban los sueldos y salarios -en una determinada proporción- en Wara (y el resto en marcos), con lo que los trabajadores ad­ quirían los bienes y servicios que requerían de esas mismas empresas o de otras que estaban dispuestas a vender sus pro­ ductos en esa denominación. 5 5. Éstas existían desparramadas por todo el territorio nacional: entre otros, en Berlín, Bonn, Colonia, Dusseldorf, Hamburgo y en muchas otras ciudades intermedias y pequeñas. Monedas alternativas de los anos treinta 35 1.1.2 El caso de Schwanenkirchen Este experimento de los WÁRA6 sólo llegó a llamar ver­ daderamente la atención cuando, a pesar de que el sistema estaba poco extendido a nivel nacional, concentró el interés internacional por los eventos acaecidos en un pequeño pueblo -de apenas 500 habitantes- de nombre Schwanenkirchen (cerca a De- ggendorf), en la baja Baviera. En este villorrio existía una mina de carbón que hasta entonces había sido administrada por la ciudad de Deggendorf y después de ella por una sociedad anónima. En 1927, la empresa entró en crisis7 y tuvo que cerrarse, como tantas otras del ramo, por su insuficiente rentabilidad. Durante los dos años siguientes campeó el desempleo en el pueblito y la gran mayoría de sus habitantes se encontraba altamente endeudada y apenas había podido sobrevivir gracias a dádivas. Como en toda Alemania, la deflación hizo sentir sus efec­ tos, con su secuela de quiebras, suicidios y cárceles sobrepobladas, según Cohrssen8. En el otoño (boreal) de 1930, cuando se había ingresado plenamente a la crisis deflacionaria mundial, las comunidades de Schwanenkirchen y sus vecinas (Hengersberg y Schóllnach) logra­ ron sobreponerse en gran medida a sus nefastas consecuencias. La recuperación '‘milagrosa” de esa pequeña población se dio en circunstancias sorprendentes. En primer lugar, el ingeniero de minas Hebecker, quien había adquirido la mina de carbón de Schwanenkirchen en un remate, se encontraba ante la imposibili­ dad de conseguir el capital de trabajo necesario para reiniciar los trabajos, ya que los bancos se negaron a otorgárselo por el riesgo que consideraban implicaba el préstamo en esas circunstancias. En segundo lugar, el empresario, cuando se enteró de la existen­ cia de la “Sociedad Wara” , se puso en contacto con sus directivos 6. Probablemente por encontrarse desperdigado por toda Alemania, sin impactos mayores sobre el desempleo y, con ello, sobre la opinión pública. 7. La minería inglesa del carbón había logrado entonces, desde mediados de los años veinte, ventajas competitivas en el mercado mundial, gracias a la introducción de una serie de innovaciones tecnológicas. 8. Tal como lo relató retrospectivamente en su artículo “ Wára” en el New Republic del 10 de agosto de 1932. Ver Fisher, Irving, Stamp Scrip, Nueva York: Adelphi Co., 1933, p. 18ss. 36 Jürgen Schuldt y obtuvo un crédito por el monto de 50,000 IVara. Por último, con ellos contrató inicialmente a sesenta mineros, a los que pagó -en un 90%- con unidades IVara (y el resto en marcos del Reich). lo que posteriormente siguió haciendo con los trabajadores adiciona­ les que fue contratando. Inicialmente, los empresarios y los comerciantes de la zona mostraron desconfianza y escepticismo respecto a esta 'extraña moneda’ y se negaron a aceptarla como medio de pago. Pero cuando Hebecker inició la compra de mercancías para el consumo de las personas asociadas al sistema IVara, las que revendía al pueblo en la cantina de la fábrica a cambio de tales bonos, los tenderos y demás vendedores de bienes y servicios reconocieron que con ello se les iba un buen negocio y se vieron obligados a aceptar la nueva moneda. Con lo que, poco a poco, se fue gene­ ralizando el uso de este heterodoxo medio de cambio. Mientras que en otras zonas de la región y del resto de Ale­ mania la masa de desempleados venía atravesando graves penu­ rias, la economía local de Schwanenkirchen (así como las de Hengersberg y Schóllnach) llegó a florecer en medio de esa mise­ ria, al punto que entonces se hablaba de la “Isla de IVara en el Bosque de Baviera” (Onken, 1983: 68 y nota 7), donde se había eliminado el desempleo y se podía contar con la venta continuada y hasta boyante de mercancías. Todo ello era consecuencia de que. naturalmente, nadie quería quedarse con los Wára a fin de evitar tener que pagar el “impuesto". Así, cada obrero pagaba sus deudas puntualmente (o incluso por adelantado) y compraba apuradamente bienes y servicios para cubrir sus requerimientos básicos de consumo. Los dueños de las tiendas, por su parte, se los pasaban a los mayoristas y éstos a los industriales, quienes a su vez se los devolvían a Hebecker a cambio de carbón, comple­ tando y dinamizando el circuito económico de la localidad y alre­ dedores. Todo el secreto del auge de la Sociedad Wára -que incluso figuraba en las primeras planas de importantes diarios de la épo­ ca- radicaba sin duda en que se trataba de un medio de cambio no atesorable, algo sobre lo que entonces poca gente tenía con­ ciencia. Para algunos autores, incluso, “el movimiento IVara tuvo una importante influencia en Alemania, al contrarrestar la política deflacionaria del gobierno. Numerosas personas encontraron em- Monedas alternativas de los años treinta 37 pí-eo y en-muchos lugares los precios se elevaron. Wára funcionó para quienes creyeron en él" (Cohrssen. 1932). En la opinión de irving Fisher. a nuestro entender exageradamente optimista, ”20.000 Wára circularon en Alemania, y se decía que durante los años 1930-31, dos y medio millones de personas llevaban a cabo transacciones con él" (1933: 22). Pero este mismo éxito, que no sólo alcanzó notoriedad en Alemania, también tuvo sus detractores. El primero y más impor­ tante, evidentemente, tenía que ser el Banco Central de Alemania (el Deutsche Reichsbank), que temía una mayor expansión de los billetes Wara y el desplazamiento no sólo del Reichsmark (Marco del Reich) como medio de pago oficial, sino también de sus pro­ pias funciones de emisión. Más aún. dramatizando, consideró que la difusión del sistema llevaría a una nociva inflación. De ahí que, en el marco de las "ordenanzas de emergencia” del gobierno de Brüning; el Ministro de Finanzas (H. Dietrich) declarara prohibida la producción, entrega y uso de cualquier tipo de dinero alternati­ vo en octubre de 1931. En uno de sus párrafos se hacía expresa referencia a los billetes Wára que se calificaban como 'dinero de emergencia', con lo que también se consideró prohibida su circu­ lación. De ahí que el esperanzador experimento del “dinero libre” de Schwanenkirchen tuviera que ser suspendido intempestivamen­ te a fines de ese mismo año (noviembre de 1931). El dueño de la mina carbonífera se vio obligado, en consecuencia, a cerrarla y a despedir a sus trabajadores. La “isla de Wára" (es decir, sus tres pequeños pueblos) fue nuevamente invadida por la ola de crisis. En vista de las consecuencias de la prohibición, resulta sorpren­ dente (y, como ha señalado Onken, hasta macabro) que los decre­ tos anti-dinero-libre se denominaran precisamente “Ordenamiento para la seguridad de la economía y las finanzas y para la lucha contra los desmanes políticos” . El desempleo masivo que le siguió entregó, de esta forma, a las desesperadas masas al brutal régimen nacionalsocialista. Si bien el proceso de emisión y difusión del esquema fue prohibido, no se pudo contener la idea que lo llevó a cabo y que se fue diseminando, en un inicio, hacia los países vecinos e inclu­ so, posteriormente, al continente americano. 38 Jürgen Schuldt En el período de posguerra se volvió a instaurar el sistema WÁRA, pero con funciones y miembros que -según los seguidores de la doctrina del “dinero libre” - traicionarían la idea original. El esquema funciona hasta hoy, pero prácticamente sólo cuenta con miembros de la clase media (excluyendo a los trabajadores dependientes). 1.2 La resonancia internacional de los experimentos de las comunas del Tirol Otra experiencia interesante, en esa misma dirección, se inició a principios de los años treinta, cuando el alcalde del pueblo tirolés de Wórgl, el socialdemócrata Michael Unterguggenberger, propuso una ‘acción local de autoayuda’9 precisamente sobre la base de los plan­ teamientos de Gesell y de la experiencia recogida de la “isla de Wára” en Schwanenkirchen10 11. La comunidad de Wórgl que él regentaba contaba entonces (a inicios de 1932) con 4,200 habitantes y se esti­ maría que, desde el inicio de la crisis deflacionaria mundial, el de­ sempleo se había expandido a 400 personas y que en los alrededores de la comuna se habrían añadido otros 1,100 desempleados. En efecto, según los relatos de la época, el tráfico de mercan­ cías declinó rápidamente en ese período, lo que no es especialmen­ te sorprendente si se tiene presente que precisamente en Wórgl se cruzaban dos grandes rutas ferroviarias11, con lo que se despidieron a cien de los trescientos empleados de la estación del tren de la localidad. Por añadidura, en ausencia de demanda para sus produc­ tos, también las diversas empresas de la comunidad y las de su entorno se vieron obligadas a despedir a sus trabajadores12. Como se comprenderá, en esa coyuntura, prácticamente todas las actividades económicas decayeron o se paralizaron completamente, incluido el cobro de impuestos, cuyo monto as­ cendió a la irrisoria suma de 3,000 chelines durante el primer semestre de 1932. Con ello, las finanzas locales adquirieron nive- 9. Básicamente dirigida a proveer empleos, más que a ofrecer caridad. 10. Para lo que el mencionado alcalde mantuvo una fluida corresponden­ cia con el empresario Hebecker de Schwanenkirchen. 11. Una que correspondía a la ruta Innsbruck-Salzburgo-Viena-Trieste; y la otra que recorría el trayecto Trieste-Ljubljana-Villach-Munich. 12. Por ejemplo, la fábrica de celulosa se tuvo que deshacer de 350 traba­ jadores, la de cemento de cincuenta y así sucesivamente perdieron el empleo los de la fábrica de tejas, los de los dos aserraderos, etc. Heredas alternativas de los años treinta 39 ¡Íes preocupantes y el endeudamiento de la localidad (principalmente ron la Caja de Ahorros de la aledaña ciudad de Innsbruck) llegó a .ascender a más de 1.3 millones de chelines austríacos, que no po­ nían cancelarse precisamente por la precaria situación fiscal13 y el incremento de la tasa de interés (que en julio de 1931 pasó de 7% a 13% anual); lo que a su vez impedía pensar en endeudamientos .adicionales. Fue entonces cuando, frente a la desastrosa situación social que había surgido en el pueblo, el alcalde y los principales repre­ sentantes de la comunidad prepararon un “Programa de Ayuda y Emergencia” comunal. La crisis se diagnosticó -lo que hoy en día puede considerarse como algo curioso- como una consecuencia de la deficiente circulación del dinero oficial. Es decir, se estimaba que el estancamiento de ésta, la tendencia creciente al atesoramiento excesivo, había generado la baja de las ventas y el aumento del desempleo. De ahí llegaron a la conclusión de que había que complementar y potenciar la escasa circulación de la moneda oficial en la comunidad 'ocal de Wórgl a través de un mecanismo que permitiera una circula­ ción más fluida del dinero y, con ella, de las mercancías. La sustitución parcial del dinero convencional por otro de tipo heterodoxo, pensa­ ban entonces, permitiría cumplir mejor las funciones de medio de cambio que se le atribuía al dinero convencional, tanto el circulante (monedas y billetes) como los depósitos a la vista. Para tal efecto, implantaron “Constancias o Certificados de Trabajo” con denominaciones de (y equivalentes a) uno, cinco y diez chelines, las que circularían para reavivar la actividad económica de la localidad y alrededores. Para ello, se complementaría la esperada reactivación con un programa de obras públicas que estaría financia­ do precisamente por el “nuevo dinero” y la peculiar ‘multa’ que lo acompañaba, similar a la que se aplicaba en el sistema de Wara. 13. Los impuestos estatales cayeron de 63,000 chelines a 43,800 entre 1928 y 1932, mientras que los impuestos federales se comprimieron de 47,700 a 17,100 chelines (una disminución conjunta del 45%), según Muralt (Muralt, Alex von, “Der Wórgler Versuch mit Schwundgeld” , 1933, en Schmitt, Klaus (ed.), Siluio Cesell-'Marx’ der Anarchisten? (Silvio Gesell-¿E1 'Marx’ de los anarquistas?), Berlín: Karin Kramer Verlag, 1989, p. 275). (J.S.: para tener una visión más clara de la caída real, habría que calcularla consi­ derando el período deflacionario en cuestión). 40 Jürgen Schuldt En la primera sesión municipal de julio de 1932, el alcalde presentó los detalles del programa, que fue aprobado unánime­ mente por los concejales de todos los partidos. Para poner en marcha la idea, se autorizó la emisión de un “fondo de bienestar", equivalente a 32,000 chelines en billetes ( “certificados de traba­ jo ” )14. Esos valores se imprimieron en la localidad y se vendieron a la Caja Comunal, desde la cual se distribuían. Tales billetes, como los bonos IVara, estaban sujetos a un esquema de ‘depreciación artificial’ para acelerar su circulación: se ordenó que, a inicios de cada mes, la persona que mantuviera los billetes en efectivo tenía que comprar estampillas por el equiva­ lente al uno por ciento de su valor. Nuevamente existían doce campos: en este caso, en el propio anverso, según cada mes del año, para adherir cada uno de los timbres (ver Facsímil No. 2). A la culminación del año de vigencia del “certificado” , se podía redimir -sin descuento- el billete/certificado viejo por uno nuevo. Nóte­ se, sin embargo, que también -en cualquier momento, antes de trans­ currir el año- podían canjearse tales “certificados" por chelines oficia­ les, pero con un ‘castigo’ o descuento del 2%. Los dineros obtenidos de esos dos tipos de recaudaciones ('tasa de oxidación’ del 1% men­ sual y ‘tributo por canje’ del 2%) debían ser transferidos por la Caja Comunal a un "fondo para los pobres” . Como complemento curioso adicional, en la medida en que muchos turistas comenzaron a colec­ cionar esta “moneda" tan peculiar, su monto también fue finalmente a este fondo, ya que la Caja Comunal ya no tenía que redimir el valor del certificado al transcurrir el año. El último día del mes de julio de 1932 se entregaron los primeros "certificados", precisamente a los trabajadores de la alcaldía y demás oficinas públicas, quienes recibieron sus sueldos y salarios en ese "dinero libre” 15. Con esos billetes no sólo se po­ dían comprar bienes y servicios en el pueblo y zonas aledañas, sino que también servían para cancelar los impuestos. Tales certi­ ficados fueron utilizados enseguida por la localidad para pagar sueldos y para cancelar sus deudas con los pobladores. 14. Equivalentes entonces a USS4.500 (Fisher, Irving. op. cit., p. 24). 15. Inicia!".ente se íes pagaba e! 50% de sus remuneraciones en esos cer­ tificados. proporctó" que posteriormente se aumentó al 75% (Muralt. Alex von, op. cit.. p. 276 . a medida que el medio de cambio heterodoxo lograba una mayor aceptación entre ios agentes económicos. {■mugadas alternativas de los años treinta 41 Según Schwarz (1952; citado por Kennedy, 1991: 43), en el Wanscurso del primer año de funcionamiento, los 32,000 certifica- idbs de trabajo habían dado 463 vueltas en el sistema, posibilitan- ido La venta de bienes y servicios por un valor de 14.8 millones de dneúnes (463 veces 32,000). A su vez, por la sola emisión de los icextíicados (por concepto de la venta de las estampillas), la mu­ nicipalidad recaudó 3,840 chelines (12% de la emisión primaria) para beneficio de la comunidad, más que para usufructo de unos pocos o del banco emisor. De esta manera surgió un esquema de circulación monetaria paralelo, sustituto parcial del dinero oficial. En ese sistema no sólo participaron la Caja Municipal y los trabajadores de la alcaldía, sir.o que prácticamente todos los empresarios privados de la loca­ lidad se fueron plegando, incluidas las cajas de ahorro, es decir, (rodos los que estaban dispuestos a aceptar los “certificados” como medio de pago común y corriente. Los observadores de la experiencia percibieron correctamen­ te que fue precisamente la “multa” que pesaba sobre los billetes a:esorados) la que aseguraba una circulación más regular de los "certificados” respecto a la forma como lo hacía la moneda oficial ifel chelín austríaco). Paralelamente, la actividad económica de la región se recuperó paulatinamente y las finanzas de la comuna se estabilizaron, no sólo porque los deudores se pusieron al día, sino incluso porque los contribuyentes tendieron a adelantar sus pagos de predios y demás impuestos “para escapar de” (y rehuir a) la multa o impuesto16. En este caso, como se desprende del facsímil, los campos se encuentran en el anverso, donde figuran doce rec­ tángulos correspondientes al impuesto mensual (que, por lo de­ más, no se cubre con estampillas sino con sellos de 10 centavos = 10 g); la “multa” equivalía al 12% anual (120 g al año sobre 10 chelines)17. 16. Los impuestos impagos en años anteriores fueron de la siguiente monta, en chelines: 1926 - 21,000; 1927 - 26,000; 1928 - 28,000; 1929 - 31.000; 1930 - 61,000; y 1931 - 118,000. En cambio, con la emisión de 'certificados’, sólo en el primer mes de vigencia (10 de agosto al 10 de se­ tiembre de 1932) se cobraron 4,542 chelines por concepto de deudas impa­ gas (Fisher, irving. op. cit., p. 26). 17. Un “g” representa un Groschen (centésima parte de una unidad de di­ nero oficial) o centavo de chelín. 42 Jürgen Schuldt Facsímil No, 2 ANVERSO DE 'CERTIFICADOS DE TRABAJO' DE WÓRGL11 (10 chelines y 1 chelín) ( cin €d)illing) 1/MIIimiJJIE!G:as a lternativas de los años treinta 43 '!.! il!'iios hacer tiene que ser mejorado nuevamente y el derecho a la vida debe ser recuperado IR'"m!al rodas aquellos que ya han sido relegados. A este propósito habrán de servir los 'Billetes 1dllu• Ccrnpensación Certificados' de Wórgl". Véase el facsímil de un billete equivalente a un idlhnefuo austriaco en Fisher. lrving, Stamp Scrip. Nueva York: Adelphi Co .. 1933. p. 27. lli'iw"""'e: Mural!. Alex von. ·'Der Wórgler Versuch mit Schwundgel~l". 1933, reimpreso en '5Mo= .. 't1 . Klaus (ed.). Si/uio Gese/1-'Marx' der Anarchisten? (Silvia Geseii-¿EI 'Marx' de los ,m,m,;,n;uistas?), Berlín: Karin Kramer Verlag. 1989. p. 280. Con ello se comenzó a generar un círculo virtuoso: la mejora de mas finanzas comunales permitió obtener un crédito del Estado (por 12.000 chelines), lo que incrementó la obra pública18 y por tanto el empleo, el poder de compra de la gente. etc. Mientras en el resto de Austria -entre agosto de 1932 y agosto de 1933- el número de de­ sempleados llegó a aumentar en casi 10% (de 334,000 a 3(,)6,000), m Worgl el desempleo disminuía en un impresionante 25%. A los pocos meses de iniciado, por los tremendos triunfos ue venía alcanzando, Wórgl adquirió notoriedad nacional e in­ ~emacional , considerándose incluso como la "Meca de la Econo­ ía", por las innumerables visitas que realizaron políticos, aca­ ·démicos y demás delegaciones que venían a observar el -experi­ mento con este peculiar "dinero libre". Desde E. Daladier, varias ·eces Ministro francés, hasta un asistente de lrving Fisher19 , todos e los alabaron la utilidad de la fructífera experiencia. 18. Se renovaron las carreteras. se realizaron canalizaciones, se mejoró la il minación pública e incluso se construyó una nueva pista de salto para esquí (atrayendo así a una mayor cantidad de turistas). 19. Éste afirma, agradecido, "Estoy endeudado con el economista ginebri­ no Hermann Scheibler. quien visitó Worgl a mi pedido". para indagar los oorrnenores del caso, ver Fisher. lrving, op. cit. , p. 25. Scheibler era entonces ~ director de la subsidiaria europea del Servicio de Números Índice de Fisher. 44 Jürgen Schuldt Por ello mismo, otras poblaciones tirolesas20 (también meno­ res, en tomo a los 3,000 habitantes) iniciaron experimentos simila­ res a los pocos meses de iniciado el de Worgl. Poco a poco, en ese mismo país, también se realizaron los preparativos para iniciar el proceso en poblaciones' cada vez mayores: Liezen, Linz, San Pól- ten, Lilienfeld. A un año de iniciado el proceso en Worgl, su famoso alcalde dictó una conferencia en Viena, dirigida a 170 alcaldes austríacos, los que expresaron su intención de seguirlo en ciudades y pueblos, al considerar la experiencia una valiosa “consigna para salvar a Austria” . Un autor escribe al respecto: “De la pequeña chispa de Wára surgida en Schwanenkirchen, Austria casi se habría convertido en un incendio de proporciones, si el Banco Nacional de Austria, como lo hiciera antes el Banco del Reich Alemán, no hubiera temido por la marginación del dinero oficial nacional por el dinero sustituto, prohibiendo la emisión de los certificados de trabajo” (Onken, en Rosenberger, 1990: 73). El 5 de enero de 1933 -seis meses después de iniciada la experiencia- se prohibió la emisión de ese “dinero libre” . Luego de idas y venidas, debates jurídicos y otros, finalmente el 15 de setiembre de 1933 tuvieron que retirarse efectivamente los billetes de la circulación. El golpe de gracia lo dio la Corte Suprema de Viena dos meses después. Con ello se determinó “oficialmente” que para el gobierno era más importante mantener incólume el monopolio monetario del Banco Nacional que permitir el funcionamiento de este es­ quema cuasi-altemativo bastante sensato (cuando menos, dadas las condiciones de la coyuntura), como lo ilustrara el enorme éxito alcanzado por la pequeña comuna de Worgl para enfrentar con­ tundentemente la crisis económica. De esta manera abortaron también los planes de los demás pueblos y ciudades que estaban convencidos de su utilidad. Así, Austria pudo entrar de lleno a la crisis, económica primero y política después. Cinco años más tarde, el país fue sojuzgado por el gobierno del terror nacionalso­ cialista. 20. Entre las que se encuentran Kirchbichl, Hopfengarten, Brixen y Wes- tendorf. 'ltmllinnmll!!tidlas alternativas de los años treinta 45 Sn embargo, es interesante recalcar que, como lo señalara 'i!!!11l11lill?dy (1991: 43s), luego de las prohibiciones, tales poblacio­ tmme.'S :pasaron a implantar métodos de pago sin dinero, constituyen­ rid!liiiDI ""cajas de compensación". Fue así que, sólo en 1933-1934, la 1' iilln:oca formal u oficial (privada y central) 'logró eliminar estas al­ litttrellllll:llaltivas al prohibir los depósitos, con lo que la gente no podía •rn:ar dinero en efectivo de esas instituciones "heterodoxas". JJL.3 Otros experimentos Es poco lo que ha llegado a nuestro conocimiento respecto a mas experiencias similares realizadas durante los años treinta21 o •«