Bonanza macroeconómica y malestar microeconómico Apuntes para el estudio del caso peruano, 1988-2004 Jürgen Schuldt Jürgen Schuldt4 © Universidad del Pacífico Centro de Investigación Av. Salaverry 2020 Lima 11, Perú BONANZA MACROECONÓMICA Y MALESTAR MICROECONÓMICO APUNTES PARA EL ESTUDIO DEL CASO PERUANO, 1988-2004 Jürgen Schuldt 1ª edición: setiembre 2004 Diseño de la carátula: Ícono Comunicadores ISBN: 9972-57-059-2 Hecho el depósito legal 1501052004-6520 Miembro de la Asociación Peruana de Editoriales Universitarias y de Escuelas Superiores (APESU) y miembro de la Asociación de Editoriales Universitarias de América Latina y el Caribe (EULAC). El Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico no se solidariza necesariamente con el contenido de los trabajos que publica. Prohibida la reproducción total o parcial de este texto por cualquier medio sin permiso de la Universidad del Pacífico. Derechos reservados conforme a Ley. BUP-CENDI Schuldt, Jürgen Bonanza macroeconómica y malestar microeconómico : apun- tes para el estudio del caso peruano, 1988-2004. -- Lima : Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, 2004. / POLÍTICA ECONÓMICA / MACROECONOMÍA /MICROECONOMÍA / PERÚ /HIST. ECONÓMICA / COYUNTURA ECONÓMICA / PRO- DUCTO BRUTO INTERNO / VARIABLES / BIENESTAR / SALARIOS / EMPLEO / INGRESOS NACIONALES / CRECIMIENTO ECONÓMICO / PERÚ / POLÍTICA, 2001- / 338.98(85) (CDU) Introducción general 5 Índice Introducción general ......................................................................... 9 I. Producto interno bruto y bienestar aparente ......................... 31 1. La influencia del crecimiento demográfico 1950-2003 ........... 32 2. La volatilidad del PIB ........................................................... 38 3. El PIB y el ingreso personal disponible ................................... 44 4. El PIB por el lado de la demanda y la evolución del consumo privado.................................................................................. 48 5. Una digresión necesaria: el PIB nacional y el de Lima ........... 51 6. Cuentas nacionales, progreso y bienestar ............................... 54 II. Autopercepciones de bienestar y evolución económica ....... 61 1. Los caminos del neo-utilitarismo benthamita ......................... 62 1.1 Bienestar objetivo y subjetivo ......................................... 62 1.2 ¿Es posible construir un ‘hedonímetro’? ¿Es necesario? ... 64 2. Los interrogantes básicos y las respuestas disponibles ............. 68 3. Las encuestas de opinión pública sobre satisfacción personal en el Perú .............................................................................. 72 3.1 La ‘satisfación económica actual’, 1988-2003 ............... 73 3.2 La evolución del índice de satisfacción actual ................ 77 3.3 Los efectos Hora-Cabana y de Retén ............................. 81 4. Bienestar por género .............................................................. 85 5. Bienestar y felicidad en los países desarrollados ..................... 85 III. Bienestar subjetivo y variables económicas ........................... 93 1. El caso de los países desarrollados ......................................... 94 2. Las tendencias en el caso peruano: macrovariables y bienestar subjetivo .............................................................. 97 2.1 PIB nacional y bienestar limeño ..................................... 97 2.2 PIB y bienestar limeños .................................................. 99 3. Digresión: bienestar y desarrollo ........................................... 102 IV. ¿Cómo explicar la “paradoja de la felicidad”? ....................... 115 1. Teoría absoluta: la hipótesis del ‘umbral de ingreso’ ............. 117 Jürgen Schuldt6 2. La hipótesis de la “adaptación hedónica” ........................... 118 3. Teoría relativa I: la hipótesis de las expectativas en el tiempo................................................................................. 123 4. Teoría relativa II: la hipótesis del ingreso relativo en el espacio social ...................................................................... 123 5. La hipótesis de las aspiraciones crecientes ........................... 128 6. El impacto de las externalidades .......................................... 132 7. Los ‘bienes relacionales’ ...................................................... 134 8. Satisfactores y necesidades axiológicas ................................ 135 9. ¿Qué es el bienestar? ............................................................ 141 10. Complicando el análisis: la teoría de los referentes conceptuales ........................................................................ 142 V. Remuneraciones y satisfacción .............................................. 147 1. Las hipótesis de partida ........................................................ 149 2. Efecto de las remuneraciones en el bienestar ........................ 152 2.1 La evolución de las remuneraciones del segmento formal en perspectiva, 1964-2003 .............................................. 152 2.2 Evolución de los sueldos y salarios del sector privado, 1980-2003 .................................................................... 158 2.3 Bienestar subjetivo y remuneraciones en empresas formales ....................................................................... 163 2.4 Digresión: remuneraciones con y sin negociación colectiva ....................................................................... 166 VI. Empleo y bienestar .................................................................. 171 1. Las hipótesis de partida ........................................................ 173 2. Crecimiento económico y niveles de empleo formal en Lima Metropolitana ...................................................................... 176 3. Empleo formal y bienestar subjetivo ..................................... 179 4. Empleo de los segmentos formal e informal por categorías ... 180 5. Sobre las precarias condiciones de trabajo ............................ 183 6. Algunos aspectos adicionales ................................................ 191 6.1 Estrategias de supervivencia .......................................... 192 6.2 ¿A qué se debe el deterioro del empleo y de las remuneraciones? ........................................................... 198 Introducción general 7 VII. Ingreso-meta relativo, expectativas y el índice de frustración ................................................................................ 209 1. Ingreso-meta y percepción de experiencias pasadas ............... 209 1.1 Satisfacción actual con respecto al año (o semestre) anterior ......................................................................... 211 1.2 Indicadores económicos y satisfacción relativa con respecto al pasado ........................................................ 217 2. Expectativas a futuro y variables macro ................................ 220 2.1. Expectativas a futuro y perspectivas de movilidad social ............................................................................ 220 2.2 Digresión: ¿midiendo la incertidumbre a través de las encuestas? ............................................................... 225 2.3 Mirando al futuro, más allá del próximo año ................. 227 3. Una medición tentativa de los “grados de frustración” .......... 229 3.1 Las tasas de frustración: un método simple de cuantificación ............................................................... 229 3.2 Bienestar y frustración por grupos etarios ...................... 234 3.3 ¿Consuelo de muchos, consuelo de tontos? ................... 237 4. Algunas hipótesis en torno a la frustración, la incertidumbre y la inseguridad generalizadas ............................................... 240 VIII. Distribución del ingreso nacional y satisfacción por estratos .................................................................................... 249 1. Tipos de distribución del producto e ingreso .......................... 250 2. Niveles de satisfacción actual y su distribución por estratos socioeconómicos .................................................................. 261 3. Situación actual respecto del pasado, por estratos ................ 269 3.1 Impactos diferenciales de la coyuntura .......................... 269 3.2 ¿Sobre quiénes se “derrama” el crecimiento económico? .................................................................. 270 4. Expectativas a futuro de los estratos socioeconómicos .......... 274 5. Algunas hipótesis en torno a la “tolerancia con la desigualdad”: el efecto túnel y la crisis distributiva ...................................... 280 IX. ¿Y la política, qué? .................................................................. 285 1. Desaprobación presidencial y malestar personal .................... 286 2. Gestión presidencial y bienestar subjetivo por estratos sociales ................................................................................ 295 2.1 Desaprobación presidencial por segmentos .................... 295 Jürgen Schuldt8 2.2 Aprobación presidencial y bienestar económico subjetivo por estratos socioeconómicos, 1990-2003 ...... 298 3. Frustración personal y desaprobación presidencial por estratos sociales ................................................................... 303 4. Promesas y expectativas políticas: ¿culminará su mandato Toledo? ................................................................................ 310 5. Algunos morigeradores sociales ............................................. 322 5.1 Las acciones de los agentes sociales .............................. 323 5.2 Mecanismos trizados de canalización ............................. 326 5.3 Algunos morigeradores psicosociales .............................. 327 X. El malestar personal en la coyuntura: Lima Metropolitana, 2001-2003 ................................................................................ 333 1. Ingresos promedio del limeño y los determinantes elementales del malestar ......................................................................... 337 2. Factores concomitantes adicionales ...................................... 341 3. La problemática del empleo y las condiciones de trabajo...... 346 Fin de etapa: reflexiones inconclusas ........................................... 355 La brecha de brechas: un intento de síntesis parcial ............................ 360 Procesos subyacentes a la coyuntura: cambio social y malestar .......... 366 La modalidad de acumulación y de integración internacional: notas panfletarias ............................................................................... 372 La responsabilidad de los científicos sociales ....................................... 382 Anexos .............................................................................................. 391 I: Anexo estadístico ........................................................................... 393 II: Anexo bibliográfico ......................................................................... 459 Introducción general 9 Introducción general (…), en última instancia, la ciencia económica no versa sobre la riqueza – trata de la búsqueda de la felicidad1 Paul Krugman 1998 Debemos tender a un estilo de vida que tenga como meta última la máxima libertad y felicidad del individuo, y no el máximo Producto Nacional Bruto Paul Erlich2 1. Una y otra vez, desde inicios de 2003, los economistas nos hemos venido sorprendiendo por la flagrante contradicción existente entre la bonanza macroeconómica anunciada por el Gobierno y el malestar microeconómico percibido por la ciudadanía. Muchos analistas económicos3, políticos y públi- co en general, han intentado explicar ese paradojal proceso, derivado del hecho de que la gran mayoría de personas y familias considera que su nivel de vida no sea satisfactorio ni mejore, a pesar de la tasa relativamente eleva- 1. Traducción recortada y muy criolla del original: “But the rather vulgar case of Viagra reminds us that, in the end, economics is not about wealth — it’s about the pursuit of happiness”. 2. Citado por Nordhaus y Tobin (1973: 509). 3. A lo largo de todo el año 2003, en la prensa escrita, ha aparecido una infinidad de artículos y opiniones de economistas de las más variadas tendencias que se ocupan de la materia: Humberto Campodónico, Elmer Cuba y Bruno Seminario, Gonzalo García Núñez, Javier Iguíñiz, Raúl Mauro, Ismael Muñoz, Martín Naranjo, Julio Velarde, Richard Webb y Javier Zúñiga. De gran interés son, asimismo, los artículos de Pedro Francke, Julio Gamero, Hernán Garrido Lecca y Pablo Secada en la revista idéele (mayo 2003, Nº 54), así como los Jürgen Schuldt10 da de crecimiento del producto interno bruto (PIB) lograda durante los años 2002 (4,9%) y 2003 (estimada preliminarmente en torno al 4%). En efecto, los guarismos alcanzados recientemente por el Perú en la macroesfera, de los que tanto se vanagloria el Gobierno, parecen contunden- tes aunque no necesariamente persistentes4. Sin embargo, para desespera- ción de los gobernantes, esos y otros logros efectivos o aparentes no han conducido, según las encuestas de opinión, al esperado regocijo de la pobla- ción. En estos momentos parecería estar sucediendo todo lo contrario, aun- que seguramente también por otros motivos, más allá de los puramente económicos. Incluso el Presidente, en su tercer Mensaje a la Nación, ha llamado la atención sobre este fenómeno –sin dar explicaciones sobre sus causas– cuando señaló que “debo reconocer que a pesar de estos logros no estamos satisfechos porque no se reflejan en los bolsillos de los peruanos. Este es el reto central de nuestro Punto de Quiebre” (Toledo 2003: 3, nuestro subrayado-n.s.)5. aparecidos en la sección central de la revista Punto de Equilibrio (octubre 2003, Nº 83). El anexo II, Bibliográfico, recoge la fuente en la que se puede consultar cada una de las opiniones y textos de los autores mencionados. También es muy significativo el hecho de que el Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo-DESCO, haya iniciado recientemente una publicación periódica virtual relacionada con el tema: “Economía y Bienestar” (www.desco.org.pe/publicaciones/BOLETIN_ECONOMIC/bol_economico.asp). En conse- cuencia, el boom de los análisis sobre el ‘bienestar’ en el Perú se condice con el malestar de la población; acotación necesaria para quienes argumentan que los economistas solo se dedican al estudio de cuestiones esotéricas. 4. Hoy en día (a inicios de 2004) destacan, entre otros indicadores relativamente favo- rables, las bajas tasas efectivas de inflación (en torno al 2,5% anual), la mejora de los términos de intercambio (desde su punto más bajo, alcanzado en abril 2003), el creciente superávit comercial (con un crecimiento de las exportaciones en más del 20% y de las importaciones en 12%), las elevadas reservas internacionales netas (cercanas a los US$ 10.500 millones) y la adecuada posición cambiaria (US$ 5.000) del BCR, la creciente recaudación tributaria, la baja tasa interbancaria de interés (2,5%) y para créditos corpo- rativos preferenciales (3,3% en soles y 1,7% en US$), todo lo que se expresa en gran medida en el bajo ‘riesgo país’ (la brecha del bono global peruano a 10 años está en 3,4% y la de los bonos soberanos, en 3,3%) (BCRP 2004a). A ello habría que añadir las expectativas optimistas sobre la evolución futura del tipo de cambio (actualmente en S/. 3,47 por US$), de la inflación baja y relativamente constante (entre 2 y 2,5%; a pesar del hipo de febrero 2004: 1,09%), de incrementos sustanciales de las exportaciones, de un creíble déficit fiscal del 1% (para el 2006) y de las tasas de interés descendentes. Para mayores detalles sobre la evolución macroeconómica, consúltese el aún actual trabajo de Oscar Dancourt (2003). 5. Lo que Francke (2003) afirmaba hace ya varios meses, cuando escribía que “los peruanos no parecen sentir los efectos beneficiosos de ese crecimiento, y los sondeos de Introducción general 11 Porque, sin duda, hoy en día observamos preocupados y sorprendidos a la vez, no solo una insatisfacción generalizada de la población –que cierta- mente no se limita a lo económico6– respecto de su nivel de vida actual, sino asimismo en comparación con el que alcanzara en el pasado y, sobre todo, en relación con sus expectativas a futuro. A juzgar por los ánimos que recogen los sondeos de opinión pública de Apoyo, también se confirma esta paradoja en medio de la tortuosa recupera- ción económica. Según la última encuesta de que disponemos, correspon- diente a enero 20047: – 54% de los limeños consideraba que su situación económica actual era mala (38%) o muy mala (16%), 42% que era regular y un escaso 4% que era buena (0%: “muy buena”); – 49% estimaba que, con respecto a doce meses atrás, le iba un poco peor (37%) o mucho peor (12%), 33% que igual y 18% que mejor (un poco mejor: 17%; y mucho mejor: 1%), con un 7% que no opinó; y – 43% creía que dentro de doce meses le iría poco peor (25%) o mucho peor (18%), 26% que estarían igual y 24% que mejor (21% poco mejor y 3% mucho mejor; 12% no precisó su respuesta). opinión siguen mostrando que la mayoría de la gente no considera que haya habido una mejora en su situación económica en los últimos doce meses”. 6. Según los datos recogidos por Javier Herrera (2003: 10) de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO - IV trimestre de 2002), los encuestados estimaban que los principales problemas del país serían, en orden decreciente de importancia: falta de empleo, 74,2%; pobreza, 60,6%; corrupción, 32,3%; falta de credibilidad del gobierno, 13,2%; falta de calidad de la educación, 11,1%; y delincuencia, 11,1%. Por su parte, en Lima Metropolita- na, según la encuesta de Apoyo (abril 2003), los principales problemas serían: pobreza/ hambre, 71%; desempleo/falta de trabajo, 61%; educación inadecuada, 25%; corrupción/ coimas, 23%; y consumo de drogas, 22%. 7. Dos encuestas anteriores nos decían lo siguiente: en junio 2003, el 50% de los encuestados de Lima señaló que su situación económica personal era mala, 44% que era regular y 6% que buena; con respecto a doce meses atrás, 49% decía que estaba peor, 36% que igual y 14% que mejor; y en relación con su bienestar esperado para dentro de doce meses, 38% señaló que les iba a ir peor, 33% igual y 20% mejor; y en diciembre 2003, la situación se deterioró aún más: con respecto al año anterior, 11% declaró estar mejor, 25% que igual y un sorprendente 64% que peor (35% ‘un poco peor’ y 29% ‘mucho peor’); y respecto de sus expectativas para dentro de un año, 19% pensaba que le irá mejor, 26% que igual y 46% que peor. Jürgen Schuldt12 Hasta donde poseemos la data pertinente, estas pésimas condiciones subjetivas actuales solo fueron reportadas durante la que podría considerarse la peor crisis de la segunda mitad del siglo XX, que se materializara durante el bienio 1989-1990. Esto nos obliga a explicar un sorprendente fenómeno: ¿cómo entender el malestar reinante, como si a lo largo de 2003 y lo que va de 2004 estuviéramos viviendo una hiperinflación y una depresión similar a la del año final de la presidencia de Alan García y del inicial de Alberto Fujimori? Esta demás decir que, de seguir esas tendencias, las amenazantes con- secuencias que podrían ejercer sobre la gobernabilidad democrática son evi- dentes, algo que ya hemos ido percibiendo en el transcurso de las masivas movilizaciones sociales de los últimos meses8, las que –según los analistas más enterados– alcanzarían su clímax hacia mediados o fines de 2004. Con razón, Pedro Francke (2003: 83) nos advertía hace meses que, “a este paso, corremos el riesgo de que la idea según la cual ‘la democracia no se come’ vuelva a pegar”9, recordando que el presente Gobierno ya ha inaugurado cinco Gabinetes. Y, en efecto, parecería estar procesándose aceleradamente el caldo de cultivo para que conocidas propuestas autoritarias extremistas10 8. Los movimientos subversivos parecerían haber captado también, según su peculiar perspectiva del mundo y la dinámica sociopolítica, que se estarían dando las “condiciones objetivas” para reiniciar la “lucha armada” (el más dramático de los sucesos recientes se dio a mediados de junio 2003, cuando tomaron 71 rehenes de la empresa Techint en el distrito de Ambo, provincia de La Mar, Ayacucho). En esa misma línea, los llamados fujimontesinistas vienen alentando una contraofensiva a través de sus conocidos métodos. Labores que lamentablemente vienen siendo facilitadas por la ya proverbial ineptitud de los gobernantes. 9. Idea que compartió poco después el Presidente en su discurso congresal ante los parlamentarios andinos: “Si no somos capaces de reducir los niveles de pobreza que vive nuestra subregión o América Latina, la gobernabilidad democrática está en peligro” (diarios del 7 de junio 2003; nuestro subrayado). 10. Tanto el fujimorismo como el senderismo, han levantado cabeza durante el primer semestre de 2003; asimismo, según los expertos en la materia, movimientos ‘populistas’ como los de Humala vienen arraigando en el ‘interior del país’. En un extremo, se observa que Fujimori tiene un 34% de aprobación, “si mañana se eligiera presidente” y, según el último sondeo de la edición especial anual de la revista Semana Económica (Apoyo 2003c: 21), los personajes más influyentes del país consideran que uno de los individuos más poderosos del país aún sería Vladimiro Montesinos (¡está en el decimosexto lugar!) y aún Fujimori ocupa un puesto prominente (vigésimoprimero). En el otro extremo, el 14% de la población limeña considera justificada la subversión en el Perú; en que, sorprendentemente, ¡el 26% del estrato alto o A opina así, frente a un 11% del estrato más bajo o E, que resulta ser el menos “violentista”! (Informe de Opinión de Apoyo; junio 2003, p. 30). Según esa misma fuente (p. 39), ya es un 14% de la población limeña (23% en el estrato A) la que Introducción general 13 adquieran asidero en la realidad, abonadas a diario por la errática gestión gubernamental, las menudas pugnas políticas y la persistente corrupción rei- nante –no solo en el área judicial– en el país. 2. Los más altos funcionarios del Gobierno han venido perdiendo la paciencia frente a esa tendencia tan generalizada de insatisfacción, cuya magnitud se puede calibrar indirectamente a partir de los resultados de las encuestas de opinión pública y, de manera más directa, por los contundentes paros y movilizaciones sociales11. Ante esa situación, reflejando la desesperación reinante en el Gobierno, el entonces flamante premier Luis Solari, a fin de contentar a la población, salió a la palestra a fines de abril 2003, anunciando orondo –con una inge- nuidad que no tiene nombre– que se había logrado cumplir con el 99% (sic) de las metas especificadas en el Plan de Gobierno de ‘Perú Posible’. Ade- más, como es obvio, la población no conoce el Plan de Gobierno vigente12 y, por tanto, se guía más por las promesas públicas del Presidente, tanto de las que hiciera durante la campaña electoral, como de las que ha ido regan- do –y reiterando una y otra vez, mes a mes– por el país, imaginando aparen- temente que sigue en campaña después de dos años y medio de haber asu- mido el gobierno13. Aparte de los flagrantes incumplimientos frente a lo ofre- prefiere un sistema de gobierno autoritario a uno democrático (84%). Según algunas encuestas de opinión se desprende, además, que el terrorismo ocupa nuevamente un lugar expectante entre los cuatro principales problemas del país, según los limeños (ocupa el segundo lugar, después de ‘trabajo’, pero antes de ‘seguridad ciudadana’ y ‘educación’; según CPI). 11. Solo en mayo y junio de 2003, se han realizado paros y movilizaciones provenientes de los más diversos segmentos sociales, entre los que destacaron los de agricultores cocaleros, de la asociación de regantes, de los transportistas, de los trabajadores de la construcción, de los maestros, aparte de otros menores. Todo ello desembocó en la declaratoria del estado de emergencia (en junio) y, poco después, en la presentación de un paquete tributario parche dirigido a financiar las demandas sociales y otros gastos. 12. Incluso expertos y académicos no conocen el Plan de Gobierno de Perú Posible, que circula en versiones muy limitadas (Véase Perú Posible 2001). 13. Para quienes lo conocemos personalmente, nos sorprende cada vez más el contraste existente entre su personalidad como figura pública y aquella que tenía como ciudadano común y corriente. Los psicólogos nos deben una explicación: ¿Qué factores influyen en quienes llegan a las cumbres del poder político nacional para que cambien tanto? ¿Qué Jürgen Schuldt14 cido, como es sabido, la insatisfacción de la gente también se debe a ciertos gestos, mentirillas y poses del Presidente y su entorno más próximo, a las marchas y contramarchas del Gobierno y a las insustanciales rencillas y ren- cores existentes entre los principales personajes de la pigmea política criolla. El presidente Toledo (y su equipo de gobierno) también está muy moles- to, porque “no lo dejan trabajar”: ni la ciudadanía, porque la gran mayoría persiste en una inmisericorde ingratitud y desaprobación de su infatigable gestión14; ni los diarios y canales de TV, que no le guardan el respeto debi- do15; ni las encuestadoras, porque en ningún país del mundo se realizarían tantos sondeos y tan seguidos. A este último respecto, recientemente, el Dr. Toledo ha declarado que, a los veintidós meses que cumplía en el gobierno, “este presidente ha sido encuestado 180 veces, y preguntan de todo, hasta el color de sus ojos”16, percepción contable que compartía entonces el angus- tiado Alcalde de Lima desde una perspectiva psicosociológica, diagnostican- do que el país estaría sufriendo una suerte de ‘encuestitis’, corrosivo virus que diferencias en la personalidad de cada uno determinan las actitudes diferenciales (y hasta el tono de voz) que adoptan? ¿Por qué pierden el sentido de la realidad? ¿Por qué solo se juntan con asesores ‘ayayeros’? ¿Por qué cambian sus patrones de consumo, digamos en materia de marcas de whisky o centros de recreo? 14. Según Imasen, la desaprobación, al 26-27 de abril, ascendía al 76,9% (La República 2003a: 7); según Apoyo, la aprobación de Toledo alcanzó el 14% en mayo y 11% en junio (según diarios del 19 de mayo y 16 de junio 2003, respectivamente). El 5 de junio se publicó una encuesta de la Universidad Nacional de Ingeniería, de acuerdo con la cual la aproba- ción de Toledo ya habría caído al 11,7%. A mediados de junio, según Apoyo, la aprobación ya se encontraba en 11%, lo que posteriormente fue confirmado por las demás encuestadoras. Y el 23 de junio, el Presidente afirmó que el gobierno estaba en un “punto de quiebre” y que deben darse cambios, reconociendo a regañadientes la gravedad de la crisis política, que desembocó en el nombramiento de la nueva Premier y en una reestructuración parcial del Gabinete. Finalmente, en diciembre de 2003, la ‘aprobación’ del Presidente aumentó al 14%, probablemente como consecuencia del nombramiento de Beatriz Merino como Pre- sidenta del Consejo de Ministros. 15. Hasta la Primera Dama ha entrado a tallar en la lidia desde Tailandia, quejándose amargamente por el maltrato que estaría recibiendo el Gobierno y especialmente el Presi- dente, por parte de los medios periodísticos. Ese sonado caso, a pesar de tratarse de un evento minúsculo, ha llevado a una oleada de declaraciones, cartas de lectores y caricaturas, exaltando la política callejonezca de la Gran Lima. 16. Diarios del 7 de junio 2003 (Perú.21; p. 3). Aunque públicamente señalan que no gobiernan ‘para las encuestas’ sino ‘para la nación’, el conteo tan preciso que el Presidente encarga realizar a sus asesores sobre las encuestas realizadas, por si solo es muy significativo de sus más íntimas preocupaciones. Introducción general 15 aparentemente quiere contribuir a erradicar (La República 2003b: 6). A lo que Heriberto Muraro respondía que: Tengo la impresión, sin ánimo de meterme en la realidad peruana, de que están utilizando las encuestas como chivo expiatorio de un gran conflicto político. Probablemente tengan un presidente que tiene un estilo desafortunado, una oposición demasiado intransigente y expec- tativas demasiado grandes con respecto a lo que iba a conseguir. Me da la impresión de que si las encuestas pudieran hacer todo lo que se le atribuye, serían maravillosas (2004: 26s ). Más recientemente, a raíz de la anunciada paralización agraria, el Mi- nistro de Agricultura ha descubierto una nueva bacteria contagiosa: “Pare- ciera que la democracia nos ha enfermado de protestitis. No podemos resol- ver los problemas del país de esa manera (con paros)” (Gestión 2004: 16)17. Menudo trabajo le espera al Ministro de Salud ante la proliferación de estos nuevos virus incomprendidos, al que habría que añadir el de la culpitis que- josa, que ha infectado al propio Gobierno, que sigue sin encontrar antídotos eficaces después de treinta meses de gestión. Bueno sería que todos ellos pon- gan más empeño en la erradicación de otras enfermedades que vienen proli- ferando entre la población más pobre del país, tales como las derivadas de otros bacilos más peligrosos (como la TBC, el dengue y la malaria). Todos ellos olvidan añadir lo más importante, a saber: que también existen las que podrían denominarse encuestas internacionales de opinión, que se reflejan en el ‘riesgo país’, en que los bancos de inversión los encuestan todos los días, por no decir cada hora18. Sobre esta variedad de encuestitis no hemos escuchado quejas del encrispado Gobierno. Lo que es comprensible porque está convencido de que los votantes externos, representados por el 17. Las cursivas son nuestras. 18. Cuando, en la práctica, “‘el verdadero riesgo para un país –como lo afirma acertada- mente Mario Rapaport– es no crecer, que la salud, la educación y la seguridad de los ciudadanos, que la corrupción y la ilegitimidad corroan los fundamentos del sistema demo- crático, que se carezca de una ciencia y tecnologías propias, que se deba depender exclusi- vamente del capital externo, que no haya un aparato productivo y exportador viables. El país está en riesgo cuando sus ciudadanos no tienen perspectivas de progreso, cuando sus hijos se van a vivir al exterior, o sus nietos, si es que se quedan, deben seguir pagando una deuda que no tomaron’. Nuestros países están en riesgo (...) mientras se sostenga el actual modelo socioeconómico excluyente y depredador, especulador y sumiso al capital financie- ro, apuntalado con lecturas de un índice de riesgo-país que constituye cada vez más un riesgo para nuestros países” (citado por Acosta 2003). Jürgen Schuldt16 gran capital financiero, que también sufre una aguda protestitis19, son más respetables que los que somos los electores internos, ciudadanos comunes y corrientes20. También el hasta hace poco Ministro de Economía21 estaba furioso, y aparentemente también “al borde de un ataque de nervios”, por el barullo político que estarían generando los periodistas (no solo los sensacionalistas) y “la calle” bulliciosa, como cuando emitió una frase para la historia, en el marco de la huelga nacional de los maestros22: “Si la gente lo que quiere es que el país se vaya al diablo, pues se irá al diablo; si los titulares dicen todo anda mal, hay terrorismo, etcétera, evidentemente se creará un clima negati- vo y entonces no habrá posibilidad de atraer y alentar la inversión”23, cuando el diablo muchas veces viene disfrazado de esta manera, especialmente el extranjera (y conste que no estoy pensando en la proveniente del vecino del sur). Con lo que nuevamente se insinúa que hay que evitar que aumente el bendito riesgo país. Hemos internalizado de tal manera la idea de que las soluciones tienen que venir de fuera, que terminamos considerándonos inca- paces de aprovechar los tremendos potenciales de que disponemos interna- mente (PNUD 2003). Frente a todas estas declaraciones de las más encumbradas figuras gubernamentales, el “mensaje” que debería quedarle a la población es que las encuestadoras y los medios de comunicación son los culpables de casi todas las desgracias que sacuden al país. De lo contrario, estaría creyéndose, 19. Dejando de invertir, actitud que podría considerarse una variedad de “huelga”, que es bastante más “subversiva” –a pesar de su invisibilidad– que las que se considera llevan a cabo los sindicatos y movimientos sociales. 20. En la medida que seguimos viviendo en una ‘democracia delegativa’ (O’Donnell 1992; Weffort 1992), estos electores internos solo son escuchados en las coyunturas previas a las elecciones nacionales o municipales y en las que la preocupación por la deuda social, que iba a ocupar un lugar prominente en la agenda de este Gobierno, sí prevalece muy coyunturalmente sobre los requerimientos del servicio de la deuda externa. 21. Quien acaba de migrar a la presidencia del Banco Central, cargo que en principio debería ser más sosegado y, por tanto, emocionalmente más sostenible. Con lo que, dicho sea al margen, el nimio partido –¿grupo de amigos?– del SODE, si aún existe, ha consolida- do su poder al interior del Gobierno, al controlar el ente emisor y los Ministerios de Econo- mía y de Defensa. Sin duda, gracias a la calidad de sus miembros, técnica y políticamente experimentados y excelentemente bien preparados y asesorados...en contraste y, probable- mente, con el encono de potenciales candidatos del “partido” de Gobierno que siguen copando espacios en la administración pública, sin contar con la preparación necesaria. 22. La que se extendió por cinco semanas, hasta el 11 de junio de 2003. 23. Mayo 21, en El Comercio, Correo, La República, Expreso; nuestro subrayado. Introducción general 17 que el Gobierno gozaría del fruto de sus eficaces acciones y la población estaría satisfecha24. Por añadidura, como sería evidente de la importancia que se le otorga al ‘riesgo país’, la única tabla de salvación que tendríamos sería la inversión, sobre todo la extranjera directa. 3. Además, lo que nos aproxima a nuestro tema, los gobernantes de turno –dando aparentemente las espaldas al sentir y a las encuestas domésticas de opinión– parecen suponer que porque durante cada año del bienio 2002/ 2003 el PIB rebasó el cuatro por ciento25, la ciudadanía debería sentirse satis- fecha, por no decir contenta. Sin embargo, nuestra chúcara población no parece impresionarse –acostumbrada a los anuncios de este tipo– cuando los voceros del Gobierno le repiten a diario que ningún otro país latinoameri- cano creció a esa tasa. Con ello, el Gobierno quiere decir que vamos por buen camino; en cambio, el pueblo entiende, con justificada razón, que existen posibilidades reales de pedir aumentos salariales y para adoptar una prolífica oferta de bienes públicos. Luego, los gobernantes se sorprenden por la proliferación de movilizaciones dirigidas a satisfacer demandas largamente embalsadas. En ese contexto, deben haber tranquilizado al Gobierno las declaracio- nes de un experto en encuestas de opinión, cuando afirmó –no hace mucho– que “la aprobación del Presidente Toledo no disminuirá a menos del 15% (sic!), y mucho menos al 10% como se ha dicho, porque los indicadores macroeconómicos en este mes son positivos y le estarían devolviendo la con- fianza a la ciudadanía”26. A pesar de no ser economista –¡nótese la influencia 24. En defensa de los medios de comunicación, Enrique Zileri dice correctamente que “nosotros somos un reflejo de la realidad, no lo inventamos ni lo cambiamos, solo se ve la conciencia del papel que desempeñamos, el cual está dentro de la realidad” (La República, 19 de abril 2003). 25. Inicialmente, el Banco Central estimó una tasa del 5,2% para el año pasado (BCRP 2003b: 82) y ahora estaríamos hablando de un 5,3% (BCRP 2003a: 13 y Anexo). 26. Declaraciones a La República 2003b: 6. A lo que el señor Saavedra añadió que “si bien los indicadores económicos a nivel nacional son expectantes e incluso reconocidos por organismos internacionales, sin embargo la población no percibe mejoras en sus bolsillos”. Un mes después de sus declaraciones, Apoyo informa que la aprobación de Toledo ¡ha caído al 14%, es decir 16 puntos porcentuales por debajo del nivel alcanzado en enero de este año! (El Comercio, mayo 19, 2003); en cambio, la encuestadora de Saavedra ubicaba Jürgen Schuldt18 que estos han tenido sobre la opinión pública durante la década pasada!– piensa como ellos: basta que el PIB crezca para contentar –o, cuando menos, ilusionar– a la pauperizada ciudadanía. A la sazón, en enero 2004, la aproba- ción del Presidente por parte de los limeños ha llegado a caer al 7%27. Las fantasías (y los fantasmas) que recorren Palacio de Gobierno han llegado a tal punto que el presidente Toledo ha dicho que, como lo habría percibido en el World Forum de Davos (Suiza) del año 2003, el Perú habría sido considerado como una vedette28, por lo menos para la inversión extran- jera. De manera similar, los gobiernos del pasado, especialmente durante los períodos generalmente cortos en que el crecimiento económico fue aprecia- ble, acostumbraron jactarse de esos frágiles éxitos29. Sin duda, en el futuro habrá muchos otros gobernantes que se regodea- rán en logros similares alcanzados en determinadas coyunturas como la ac- tual, y que poco después terminan desenmascarándose como una simple fata morgana. Desafortunadamente, también acostumbran hacer ese tipo de malabares político-estadísticos muchos economistas en períodos de auge económico, a pesar de conocer el carácter cíclico de esos procesos en nues- tro país, por lo que esos saltos temporales generalmente han terminado revelándose como espejismos o triunfos pírricos. Por lo demás, aún la mayo- ría de economistas sigue compartiendo la ingenua creencia de la existencia entonces la desaprobación en 16,5%, “confirmando” así su declaración anterior. Por tanto, los resultados de las encuestas de junio fueron decisivas. Y, en efecto, la publicada por la UNI ubica en 11,9% el nivel de aprobación a inicios de ese mes y la de Apoyo recogió un 11% de aprobación a mediados de junio 2003. 27. Nótense, sin embargo, las importantes diferencias existentes entre estratos (¡doce puntos porcentuales de diferencia entre los extremos!): ‘A’, 17% de aprobación; ‘B’, 13%; ‘C’, 12%; ‘D’, 7%; y ‘E’, 5% (Apoyo 2004b: 2). 28. Como nos lo ha recordado Pablo Secada (2003: 73). 29. Recordemos el triunfalismo del que hiciera gala Alberto Fujimori, cuando hablaba del Perú como el ‘jaguar’ de América Latina, en esa breve coyuntura en que el crecimiento del PIB efectivamente alcanzaba niveles muy elevados durante el trienio 1993-1995, cuando se logró un alza promedio anual simple muy apreciable del 8,7%. Además, ese boom coyuntu- ral lo proyectó pasiva y optimistamente al futuro, asumiendo mecánicamente –al margen del hecho de que ese auge fue posible básicamente por el influjo masivo de capitales foráneos– que se estaría dando un proceso sostenible en el tiempo y como si ya estuviésemos transitan- do por la ruta que iniciaran, durante los años 1960 del siglo XX, los denominados Tigres del Sudeste Asiático (Corea del Sur, Hong-Kong, Singapur y Taiwán), cuyos éxitos tanto admiraba...no así, sin embargo, las heterodoxas políticas económicas que adoptaron para alcanzar el lugar que ocupan ahora. A ese respecto, véase el magistral trabajo de Ha-Joon Chang (2002). Introducción general 19 de una mecánica correlación positiva entre crecimiento económico y bienes- tar, la que sería una perogrullada en todo tiempo y lugar30. 4. Cabe preguntarse, por tanto, por la real o aparente paradoja existente entre el auge macroeconómico y la insatisfacción de las personas, así como del consecuente malestar social y de la labilidad política reinantes. Aunque ini- cialmente este interrogante, surgido en la coyuntura de principios del año 2003, se constituyó en el punto de partida de la presente indagación, en este ensayo también nos aventuraremos al estudio de las relaciones entre el bie- nestar y la bonanza económica macro a lo largo de un lapso más extendido de tiempo. Ello nos permitirá recoger experiencias similares del pasado para entender la coyuntura presente. De manera más específica, nos ocuparemos del período que se extien- de desde fines de los años 1980 y principios de 2004. No nos hemos volcado más atrás por no contar con ciertos datos indispensables para hacerlo, bási- camente derivado de la ausencia de las encuestas de opinión pública relevan- tes. Con ese fin, analizaremos la literatura existente sobre el tema y usaremos las precarias fuentes empíricas públicas disponibles para su estudio. También aprovecharemos esta aproximación a ese aspecto de la co- yuntura peruana, para introducir al lector interesado en un tema aparente- mente distante, pero que puede ligarse estrechamente al nuestro: el comen- tario de la exquisita y voluminosa literatura contemporánea especializada en torno a las relaciones entre Economía y Bienestar-Felicidad. Para lo que nos concentraremos básicamente en aquella elaborada por economistas de los 30. Véase el más reciente trabajo, por lo demás brillante, de Robert Lucas (2003), en que conviene señalar al margen que ahí usa los conceptos de ‘bienestar’ y ‘utilidad’ como sinónimos. También Easterlin (2003a) acaba de afirmar que “yo adopto los conceptos de bienestar, utilidad, felicidad, satisfacción de vida y bienestar como intercambiables (...)”. Por lo demás, la mayoría de economistas considera explícitamente que existe una correla- ción positiva entre el aumento del PIB y el del bienestar de la población. El 6 de julio, en una entrevista concedida al programa dominical Panorama (del vapuleado Canal 5), el Presi- dente dijo que hay que tener paciencia (¡cuándo no!) para poder percibir los efectos del crecimiento en los bolsillos de la gente, siguiendo la arraigada costumbre de todos los demás presidentes y ministros de economía del pasado cuarto de siglo en esta materia. Y la población, para sorpresa de muchos, sigue “esperando a Godot” (lo que más adelante denominaremos ‘efecto Matusalén’). Jürgen Schuldt20 países desarrollados, considerando marginalmente la producida principal- mente por psicólogos, pero también por sociólogos y filósofos, sobre este campo relativamente novel de estudio31. El tema ha vuelto a ocupar intensamente a ciertos especialistas de nuestra profesión32, sobre todo a partir del celebrado artículo de Richard Easterlin (1974), publicado hace treinta años. Como consecuencia del deba- te realizado en 1997 en The Economic Journal33, la investigación sobre la materia adquirió nuevos bríos e impulso. Esto condujo a variados simposios adicionales, tales como los realizados por el Nuffield College de Oxford, que auspició la “International Conference on ‘Economics and the Pursuit of Happiness’” (febrero 2000); por la London School of Economics en torno a “Economics and Happiness” (Londres, setiembre 2002); por la American Economic Association sobre “Does Money Buy Happiness?” (Atlanta, enero 2002); por el Departamento de Economía de la Universidad de Milán-Bicocca en torno a “The Paradoxes of Happiness in Economics” (Milán, 21-23 de marzo 2003)34; por la Universidad Johann Wolfgang Goethe sobre los “Challenges for Quality of Life in the Contemporary World” (Frankfurt del Meno, julio 20-24, 2003)35; y por la Ecole Normale Supérieure acerca de “Income, Interactions and Subjective Well-Being” (París, setiembre 25-26, 2003). Por añadidura, a partir del año 2000, se viene publicando el sofisticado Journal of Happiness Studies36 y en Internet disponemos de bases de datos y 31. Sorprendentemente en el área de la administración de empresas viene atrayendo la atención el tema, donde incluso se ha llegado a desarrollar “La ecuación de la felicidad” (Kets de Vries, 2002), que se divulga en el postgrado del célebre INSEAD. 32. Sin embargo, siempre ha sido un tema de interés para los científicos sociales, pero que antaño solo atrajo la atención de una minoría de economistas. Pero, recordemos que Jeremy Bentham y también Stanley Jevons ubicaron la búsqueda de la felicidad individual como su preocupación principal. Importantes textos sobre esta materia se produjeron a principios del siglo XX (tales como los de Wesley Mitchell 1912 y 1914) y en el período de posguerra (Hirsch 1976; Scitovsky 1976; Riesman 1950; Marcuse 1969), aunque el texto ‘clásico’ en la materia sigue siendo el de Thorstein Veblen (1899). 33. Véanse los artículos de Huw Dixon, Robert H. Frank, Yew-Kwang Ng y Andrew J. Oswald, publicados en el volumen 105, Nº 445, de The Economic Journal (1997: pp. 1812-58). 34. La mayoría de artículos o resúmenes de este evento, pueden encontrarse en http:// dipeco.economia.unimib.it/happiness/ accepted_papers.htm. 35. Es la 5ª Conferencia de la International Society of Quality-of-Life Studies. 36. Revista que postula ser “An Interdisciplinary Forum on Subjective Well-Being”, edita- da trimestralmente en Holanda, desde el año 2000, por Kluwer Academic Publishers. Introducción general 21 compilaciones de estudios muy completas sobre el bienestar subjetivo de la gente37. Finalmente, el año 2002, el profesor Daniel Kahneman, psicólogo (sic) de la Universidad de Princeton y especialista en el tema, compartió con un economista el Premio Nobel de Economía38, lo que le estaría brindando el estatus de seriedad y el interés de los que hasta hace poco no parecía gozar esta fascinante y compleja materia entre los economistas39. De ahí que no deba llamar la atención que se esté hablando, con algu- na justificación, del nacimiento de una nueva disciplina –cuya precursora fue la psicología40– en el marco de la ciencia económica: la Economía de la Felicidad (Gunnell 2002; Oswald 1999)41. Y es que, en efecto, ya existe lo que podría denominarse un “clan de felicitólogos”, constituido por eminentes Consúltese su página web: www.kluweronline.com/issn/1389-4978/contents. De mayor tra- yectoria, también el Social Indicators Research - An International and Interdisciplinary Journal for Quality-of-Life Measurement es una tribuna frecuentemente colmada por autores de esta especialidad, fundada en 1974 (véase: www.kluweronline.com/issn/0303-8300/current). 37. Véase el World Database of Happiness, compilado desde 1984 por Ruut Veerhoven de la Universidad Erasmus de Rotterdam (www.eur.nl/fsw/research/happiness/) y los Happiness Resources (www.webexpert.net/vasilios/happiness.htm). 38. Otro Premio Nobel de Economía, Gary S. Becker, también acaba de contribuir a la materia con el artículo “On the Foundations of Happiness” (véase Rayo y Becker 2003). 39. Véase el más reciente artículo de Kahneman, en el que cuestiona los supuestos básicos de la teoría económica ortodoxa desde la perspectiva del paradigma ‘comportamiental’ (compartiendo la visión de los “locos racionales” de Amartya Sen, 1977): tanto el compor- tamiento egoísta y racional de los agentes económicos, como la constancia de sus preferen- cias; el que concluye afirmando que “no hay perspectivas inmediatas de que la economía y la psicología compartan una teoría común del comportamiento humano” (2003: 166). 40. Ahí el área se denomina ‘hedonic psychology’, que es “el estudio de lo que hace agradables o desagradables las experiencias y la vida” (Kahneman; Diener y Schwarz 1999/ 2003: ix). 41. En realidad, el origen de esta área puede encontrarse en –por no decir que es parte de– la “Economía del Comportamiento” (Behavioral Economics) y la “Economía Experi- mental” (Experimental Economics). Sobre los orígenes de estas ‘escuelas’ o tendencias, véase: Hosseini 2003 y Theocarakis 2002; y sobre sus principales características: Mullainathan y Thaler 2000. Las revistas Journal of Economic Psychology y Journal of Socio-Economics (North-Holland/Elsevier) recogen sus contribuciones y la Society for the Advancement of Behavioural Economics (www.usask.ca/economics/SABE/) agrupa a gran parte de sus miem- bros. Si bien viene abriéndose campo entre los economistas a través de las revistas especia- lizadas, que esta rama aún no forme parte propiamente del ‘mainstream economics’ se debe probablemente al hecho de que sus planteamientos no han sido ‘formalizados’ lo suficiente- mente y, sobre todo, porque amenazan con socavar seriamente las bases de la teoría econó- mica ortodoxa. Incluso, hay economistas que contraponen esta ‘teoría’ (que algunos deno- minan ‘prospect theory’) a la neoclásica (List 2003). Jürgen Schuldt22 economistas y especialistas de otras ramas del saber42, varios de los cuales vienen contribuyendo a lo que unos denominan la nueva Ciencia del Goce43 y otros, la Ciencia de la Felicidad (Myers y Diener 1997). Los títulos de una serie de artículos recientes de reconocidos especialis- tas en el campo de la economía, habrían sido motivo de bromas sarcásticas, hasta hace unos pocos años, entre los economistas serios. Baste enumerar una selecta muestra de ellos, cuya lectura recomendamos para el no iniciado 42. Para los lectores interesados en empaparse en esta temática, le recomendamos la lectura de los que –muy personalmente– consideramos sus principales y más innovadores autores. a. Entre los economistas destacan: David G. Blanchflower (Dartmouth College: www.dartmouth.edu/~blnchflr/); Rafael di Tella (Harvard Business School: www.people.hbs.edu/rditella/); Richard Easterlin (Universidad de California del Sur: www.iza.org/index_html? mainframe=http%3A// www.iza.org/iza/en/webcontent/personnel/photos/index_html%3 Fkey%3D95); Richard B. Freeman (Universidad de Harvard: www.nber.org/~freeman/); Robert H. Frank (Universidad de Cornell: www.arts.cornell.edu/econ/faculty/frank.html); Bruno S. Frey (Universidad de Zürich: www.iew.unizh.ch/grp/frey/); Richard Layard (London School of Economics y miembro de la Cámara de los Lores: http://rlab.lse.ac.uk/staff/staff.asp?TYPE=10); Robert McCulloch (Universidades de Chicago y de Bonn: gsbwww.uchicago.edu/fac/ robert.mcculloch/research/); Yew-Kwan Ng (Universidad de Monash, Australia: www.buseco.monash.edu.au/depts/ Eco/staff/yewkwangng.html); Andrew Oswald (Universidad de Warwick: www2.warwick.ac.uk/fac/soc/economics/staff/ faculty/oswald/); y Matthew Rabin (Universidad de California – Berkeley: http://elsa.berkeley.edu/users/rabin/). b. Entre muchos otros eminentes especialistas de otras disciplinas que conforman el grupo, tenemos (aparte de Kahneman, mencionado en el texto, cuya dirección web es: www.princeton.edu/~psych/PsychSite/fac_kahneman.html): Aaron Ahuvia (filósofo y profesor de mercadeo de la Universidad de Michigan-Dearborn: www.som.umd.umich.edu/about-ahuvia.html); Ed Diener (psicólogo de la Universidad de Illinois: www.psych.uiuc.edu/~ediener/); Ronald Inglehart (politólogo de la Universidad de Michigan: wvs.isr.umich.edu/ringlehart/); Norbert Schwarz (psicólogo de la Universidad de Michigan – Ann Arbor: www.getcited.org/ mbrx/PT/99/MBR/11060859); y Ruut Veenhoven (sociólogo de la Universidad Erasmus de Rotterdam: www.eur.nl/fsw/ research/veenhoven/). 43. Los eventos que organizan estos académicos –que hablan también de la suya como una ‘Ciencia del Placer’– son llevados a cabo por un grupo llamado “Associates for Research Into the Science of Enjoyment” (véase: www.arise.org/), entre varios otros, como, por ejem- plo, la International Society for Quality-of-Life Studies (http://market1.cob.vt.edu/isqols/). Introducción general 23 que esté interesado en el tema: “Happiness and Economic Performance” (Oswald 1997), “Does Growth Causes Happiness, or Does Happiness Cause Growth?” (Kenny 1999), “The Macroeconomics of Happiness” (Di Tella; McCulloch y Oswald 2001), “From Preference to Happiness: Towards A More Complete Welfare Economics” (Ng 2000), “Pursuing Happiness” (Krugman 2000b), “What can Economists learn from Happiness Research” (Frey y Stutzer 2001a), “Income and Happiness: Towards a Unified Theory” (Easterlin 2001), “Does Money Make Nations Happy?” (Hirata 2003), “Happiness: Has So- cial Science A Clue?” (Layard 2003a). 5. Desafortunadamente, en el Perú este tema aún no figura en la agenda de los investigadores económicos44. Probablemente por la falta de estadísticas ade- cuadas para hacerlo (y el costo que implica obtenerlas), pero seguramente también porque no lo conocen, no les interesa o lo consideran inmanejable, ‘poco serio’ o excéntrico. Actitud que sorprende, cuando se supone que so- mos precisamente los economistas quienes deberíamos albergar por ese campo de estudio, un lugar privilegiado en nuestras agendas de investigación, a fin de contribuir de alguna manera al bienestar de la sociedad y a la felicidad de las familias. ¿No fue esa la preocupación original que dio lugar a la creación de nuestra ciencia45? Con buenas razones, muchos analistas y académicos de otras ciencias sociales, por no hablar del público en general, consideran que nos hemos distanciado cada vez más de esas inquietudes, a pesar de –o precisamente por– la creciente sofisticación alcanzada –aunque no siempre bien direccionada– por los practicantes de la disciplina. El análisis que pretende desentrañar algunos aspectos de la paradoja mencionada arriba resulta en extremo complejo, en la medida en que involucra 44. Véase el Balance de la investigación económica en el Perú (Escobal e Iguíñiz 2000). Sin embargo, vale la pena nombrar los notables trabajos que a ese respecto se han publicado referidos a nuestro país: Graham y Pettinato (2001) y Webb (1999). Otra excepción impor- tante, elaborada recientemente por Monge y Ravina (2003), introduce las percepciones de las personas, distinguiendo entre el bienestar objetivo y el subjetivo para el análisis de la pobreza y las políticas que de ahí se derivan. 45. A ese respecto, vale la pena consultar los libros clásicos (que, en general, no se han leído y, peor aún, no se conocen) de Adam Smith (1759) y Jeremy Bentham (1781), así como los comentarios recientes de Veenhoven (1991b, 2003) e Hirata (2001, 2003). Jürgen Schuldt24 no solo nuevos planteamientos y técnicas muy avanzadas elaboradas por un grupo selecto de economistas, que por lo demás ponen en duda diversos planteamientos de la Economía neoclásica del Bienestar (por no decir, de ciertos aspectos fundamentales de la teoría económica convencional), sino que, sobre todo, obliga a manejar conceptos y a incorporar variables que generalmente solo manejan psicólogos, científicos políticos, sociólogos y, desde otra perspectiva, hasta filósofos, forzando a contemplar paradigmas de corte inter, trans o multidisciplinario46, que no son precisamente del agrado de los economistas más ortodoxos47. A pesar de estas complicaciones, trataremos de ensayar una serie de hipótesis para aproximarnos a una explicación muy general de esta incon- gruencia, asumiendo –muy optimistamente– que las cifras macro y mesoeco- nómicas producidas y divulgadas por las instancias responsables del Gobier- no son adecuadas. No obstante que muchos creen –y otros tantos, saben48– 46. Es esta, precisamente, una de las causas por las que los economistas no se han ocupado del tema. Pero hay varias más que van desde la descalificación del tema como ‘poco serio’, hasta las que derivan de las propias concepciones de la teoría neoclásica establecida y, sobre todo, porque se considera que, por un lado, no es cuantificable, ni el bienestar, ni la felicidad, ni la utilidad de las personas, contra lo que plantean varios econo- mistas contemporáneos (Ng 1997) y que, por el otro, no es posible hacer comparaciones interpersonales de utilidad o bienestar, que sigue siendo uno de los supuestos ideológicos esenciales de la Economía del Bienestar ortodoxa. 47. Todo lo contrario: más y más economistas creen que pueden entender y explicar el comportamiento humano en todas las esferas de actividad (desde el matrimonio, el consu- mo de drogas, la delincuencia, etc.) y las dinámicas sociopolíticas, a partir de la teoría económica convencional, campos que habrían sido deficientemente abordados por la cien- cia política, la psicología, la sociología y las demás ciencias sociales, por lo que ya se habla del “imperialismo de los economistas” (Lazear 1999). Ello equivale a un subsunción de las demás ciencias sociales al paradigma y marcos teóricos de la ciencia económica neoclásica. En contraposición, enfoque que también avanzaremos en el presente trabajo, han venido surgiendo tendencias que más bien pretenden incorporar contribuciones de las otras cien- cias sociales a efectos de enriquecer la teoría económica (intentando, por lo demás, regresar al Keynes primigenio). A este respecto, coincidimos con George Akerlof, para quien “If there is any subject in economics which should be behavioral, it is macroeconomics. I have argued in this lecture that reciprocity, fairness, identity, money illusion, loss aversion, herding, and procrastination help explain the significant departures of real world economies from the competitive, general-equilibrium model. The implication, to my mind, is that macroeconomics must be based on such behavioral considerations” (2002: 427s.), para lo que efectivamente resulta indispensable considerar “el papel de los factores psicológicos y sociológicos” (Ibíd., p. 411). Introducción general 25 que son precisamente tales datos los que pueden haber sido estimados “a ojo de buen cubero” y hasta burdamente cocinados, para poder presentarle a la ciudadanía el espejismo de una exquisita merienda macroeconómica49. Aparte de ello, como en el resto del mundo, una serie de componentes efectivamente no se incorporan en el cálculo del producto interno bruto50. De manera que, a lo largo del presente trabajo, nos manejaremos con datos económicos con- vencionales (producto, consumo, empleo, remuneraciones, etc.), por un lado, y con cifras construidas a partir de encuestas de opinión, por el otro. 6. En los diez capítulos que configuran este trabajo, procederemos a ensayar un análisis global del tema, partiendo de las variables más comunes y simples que se acostumbran aducir para evaluar o estimar el ‘bienestar’51, hasta llegar a algunas de las más complejas y discutibles. Este ensayo ha sido organizado en 48. Según los expertos, tales como Bruno Seminario, el cálculo del PIB es bastante confiable apenas para algo más de una tercera parte de él, ya que solo consigna adecuadamente la producción pesquera, minera y de energía; así como, en menor medida, un segmento de la industria manufacturera. 49. Una reciente evaluación de las estadísticas que prepara el Gobierno peruano, ha sido realizada por técnicos del Fondo Monetario Internacional (véase FMI 2003a). 50. A nuestro entender, la reseña elaborada por Robert Eisner (1988), aún sigue siendo la mejor referencia sobre las diversas deficiencias que entrañan los métodos de cálculo del PIB (en EE UU). Él ha estimado que el PIB de EE UU sería aproximadamente un 60% superior al oficialmente calculado, si en aquel se incluyeran todos los conceptos que reque- riría una contabilidad macroeconómica adecuada (en ese trabajo se presentan, asimismo, varias otras metodologías desarrolladas para medir el “Producto Extendido”). Recomenda- mos la lectura de ese texto a quienes deseen conocer las limitaciones y restricciones existentes en el cálculo de las grandes variables macroeconómicas. Para el estudio del caso peruano, sigue siendo muy valioso el trabajo pionero de Alarco; Lora y Orellana (1990). En años recientes también ha surgido una interesante literatura internacional en torno al denomina- do Producto Nacional Ecológico o Verde, al que nos referiremos más adelante por su relevancia para el tema que nos ocupa (véase la sección 6 del cuarto capítulo, que trata la problemática de las externalidades). 51. En lo que sigue utilizaremos indistintamente, como sinónimos, los siguientes concep- tos: bienestar, felicidad, buena vida, utilidad, satisfacción, estándar de vida, etc., tal como lo hace también Easterlin (2003a y 2003c) y la gran mayoría de economistas que trata el tema. Somos conscientes, sin embargo, de que alguna literatura especializada acostumbra distin- guir sensatamente entre estos términos, lo que solo haremos en aquellas partes del estudio que así lo requieran y, sobre todo, hacia el final del trabajo. Véase una profunda y contun- Jürgen Schuldt26 torno a diversas hipótesis tentativas –en algunos casos, interdependientes– que serán presentadas como puntos de partida52 para responder a nuestra inquietud. Paralelamente se presentarán los argumentos para sustentarla, a la vez que se intentará una descripción general y una aproximación empírica muy elemental para muchas de ellas, hasta donde los escasos y controverti- dos datos existentes en el Perú lo permitan. Albergamos la esperanza de que algunos de nuestros discutibles y hasta polémicos planteamientos sirvan de acicate para que especialistas, técnica y teóricamente más sofisticados, emprendan estudios que profundicen en la materia, comenzando por los filósofos, pasando por sociólogos y psicólogos sociales, hasta llegar a los propios econometristas53. Con ello creemos que se podría avanzar, poco a poco, en el discernimiento de los principales determi- nantes y componentes –cambiantes en el tiempo– del bienestar económico y de la ‘felicidad’ o satisfacción psicológica de la gente54, tarea que deberían emprender las nuevas generaciones de científicos sociales, así como las de los psicólogos, quienes tradicionalmente habían monopolizado el tema. Asimismo, esperamos que ese análisis descriptivo y la aproximación empírica tentativa a las múltiples hipótesis de trabajo que presentaremos a lo largo de este texto, permitan auscultar nuevas posibilidades para diseñar po- líticas que contribuyan a elevar sostenida y apreciablemente el nivel de vida de la gente55. Estamos convencidos de que, algún día, a partir de esos estu- dios será posible rediseñar una serie de políticas macro, meso y microeco- dente crítica al hecho de que en la literatura especializada se confunda ‘satisfacción con la vida’ y ‘felicidad’, realizada por el filósofo Daniel Haybron (2001). 52. Presentadas originalmente por Schuldt (2003), así como por los autores de los artícu- los de diarios y revistas mencionados en la tercera nota a pie de página de la Introducción general a este texto. 53. A pesar de las limitaciones de la econometría (Phillips 2003; Franses 2002), el autor lamenta no estar en condiciones de aplicar sus avanzadas técnicas, aparentemente tan útiles para el estudio del tema que tratamos. Estoy convencido de que este tema puede convertirse en un manjar para los econometristas, una vez que reconozcan su relevancia, así como la pertinencia y la disponibilidad de ciertos datos que revelaremos aquí. 54. A este respecto es todo un tema aparte la clarificación de los conceptos que se utilizan en la literatura especializada, ya que no siempre se distingue claramente entre felicidad, satisfacción, bienestar, etc. Filósofos y metodólogos de la ciencia, así como otros científicos, deberán contribuir a esta discusión aún muy poco perfilada. 55. En tal sentido, entendemos que este enfoque es paralelo (y podría ser complementa- rio) a los que miden el ‘bienestar’ basados en variables sociales o políticas, como veremos en el capítulo pertinente. Introducción general 27 nómicas, sociales, sectoriales, educativas y demás que permitirían incremen- tar el bienestar humano en el Perú, a pesar de las restricciones económicas y humanas existentes en el país56. 7. Hemos intentado redactar un texto de acceso fácil para el público en general y que, sobre todo, puede ser de interés y provecho para los estudiantes que recién se inician en el estudio de la Economía y otras disciplinas, especial- mente de las ciencias sociales. En tal sentido, podría servir de introducción en el manejo de ciertos conceptos básicos de la economía y de las cuentas nacio- nales, que esperamos también sea útil para el ciudadano preocupado, en especial para políticos y periodistas. Ese propósito explica la profusión de gráficos y cuadros estadísticos, definiciones y notas a pie de página, aparte de los anexos, el estadístico (I) y el correspondiente a una exhaustiva biblio- grafía (II)57. En un primer capítulo presentaremos las variables macroeconómicas que generalmente se muestran como indicadores proxy del bienestar de la gente, señalando algunas de las limitaciones teórico-conceptuales y empíri- cas que encubren o llevan implícitas para cumplir con ese cometido. A los economistas profesionales y a las personas entendidas en la materia, les recomendamos pasar directamente al capítulo siguiente, ya que ahí se tratan temas relativamente obvios para los especialistas. Un segundo capítulo versa sobre algunos aspectos teóricos recogidos de la bibliografía sobre la “felicidad” y sobre la medición subjetiva del bienestar económico, tal como es autopercibido por las personas. Para ello, nos basa- remos en los datos de algunas encuestas de opinión pública disponibles, tanto de las aplicadas en países desarrollados como de las elaboradas para 56. Reconociendo, por lo demás, que existe un tremendo potencial de “capital” humano, físico, financiero, social y natural que no ha sido debidamente explotado. Véase a este respecto, los ingeniosos trabajos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2003, 2002), elaborados en y sobre el Perú. 57. En un inicio pensábamos incluir un tercer anexo, en el que habríamos reproducido las geniales caricaturas que ‘Carlín’ y ‘Alfredo’ elaboraron para La República, donde tratan –en muchas de ellas y con unos pocos trazos– la problemática que aquí cubre extensas y densas páginas. Desafortunadamente, incluso aquí, aunque menos que en la TV, el espacio es tirano. Jürgen Schuldt28 Lima Metropolitana, aunque en este último caso desafortunadamente solo es posible analizar las tendencias de los últimos tres lustros. De manera más específica, desde 1988, fecha a partir de la cual Apoyo – Opinión y Mercado S.A. incluyó preguntas relativas al tema en sus encuestas. También se pre- sentarán análisis comparativos del bienestar subjetivo entre diversos países. En el tercero se establecen las relaciones a lo largo del tiempo, entre las variables macroeconómicas del primer capítulo y las tendencias del bienestar subjetivo del segundo. Se ensayará un análisis comparativo de la evolución de tales variables, tanto para países desarrollados como para nuestro caso. Un cuarto capítulo, estrechamente ligado al anterior, presenta algunas de las hipótesis que podrían explicar la sorprendente tendencia empírica verificada de que el bienestar personal no aumente a la larga, aunque se incremente el producto nacional por habitante, especialmente en los países del Norte. Luego, en los quinto y sexto capítulos, nos aventuraremos a auscultar la relación existente entre el bienestar económico y otras dos variables econó- micas básicas para el caso de Lima Metropolitana: las remuneraciones y el empleo, respectivamente. Marginalmente, también trataremos variables liga- das a estas, tales como las condiciones de trabajo, la inflación y similares. El capítulo sétimo analiza el bienestar subjetivo de la gente en el tiem- po, tanto retrospectivamente, respecto del pasado reciente (mirando atrás, de seis a doce meses), como prospectivamente, en relación con las expecta- tivas de futuro que albergan (a seis y doce meses en la mayoría de casos, pero en algunos incluso de cinco y hasta de 20 años en adelante), según los estudios de opinión disponibles. Y, nuevamente, intentaremos establecer sus nexos con ciertas variables económicas y algunas otras de corte psicosocial y sociológico. El octavo capítulo introduce las diversas complicaciones que se derivan de la medición del bienestar, como consecuencia de la muy desigual distribu- ción del ingreso nacional en el Perú, probablemente uno de los determinantes objetivos básicos –junto con la pobreza generalizada– del malestar reinante en el país. Ello incluye el análisis de la evolución de la satisfacción subjetiva de la población por estratos socioeconómicos. Hemos reservado un capítulo especial, el noveno, para incorporar algu- nas variables del dominio político, en el que intentaremos indagar sobre las complejas relaciones existentes entre el bienestar subjetivo individual, en ge- neral y por estratos, y ciertos determinantes políticos, incluida su relación con la desaprobación presidencial. El décimo capítulo trata de responder al interrogante básico planteado arriba y que dio origen a este trabajo. A diferencia de los capítulos anteriores, Introducción general 29 que versan sobre el mediano plazo (desde 1988 hasta hoy), en este caso se trata la coyuntura más reciente (2001-2003). La hipótesis subyacente a este largo recorrido radica en el hecho de que no se puede entender el malestar personal reinante actualmente, si no se calibran las tendencias que se han venido arrastrando desde el último cuarto de siglo, en especial desde la últi- ma decena infausta de años58. En lo que iban a ser las Conclusiones, se sintetizan varios aspectos del trabajo y se formulan algunas ideas tentativas a las que creemos haber llega- do, tanto en relación con los determinantes del bienestar, como respecto de las políticas que habría que adoptar para contribuir a elevarlo59. También se tratará, en forma muy general, algunos temas de fondo relacionados con diversos aspectos filosóficos y sociopolíticos relativos al bienestar subjetivo vis a vis el “desarrollo” y otros aspectos que parecerían relevantes. 8. El autor agradece los pertinentes comentarios recibidos de sus colegas y amigos, a la versión original de algunos de los capítulos de este texto, de cuyos errores no comparten responsabilidad alguna: Alberto Acosta, Carlos Franco, Bruno Seminario y Felipe Portocarrero Suárez. Una bien ganada mención especial se merece mi asistente Econ. Car- men Salas, a la que debemos gran parte de la compleja y minuciosa elabo- 58. Ahí incluiremos, además, un resumen (o una bibliografía pertinente) de algunas de las limitaciones del texto y las dificultades con las que se tendrán que confrontar futuras investigaciones sobre el tema. Lo que nos llevará a reflexionar sobre algunos vacíos de investigación que convendría cubrir, sobre todo en lo que atañe a las cuentas nacionales y a la necesidad de realizar ciertas preguntas adicionales en las encuestas de opinión pública que actualmente se llevan a cabo en el país. 59. Queremos adelantarle al lector, para evitar los mismos errores de nuestros gobiernos, que acostumbran prometer mucho y cumplir poco, que encontrará aquí más preguntas que respuestas. Y si hay respuestas, la mayoría de ellas es bastante discutible. En ese sentido, este trabajo es básicamente descriptivo y, como tal, relativamente superficial. Por lo que se requerirá de todo un batallón de filósofos e historiadores, de sociólogos y politólogos, y hasta de psiquiatras, para poder explicar a cabalidad el cúmulo de complejos procesos que aquí apenas se delinean. Nuestro consuelo estribaría en el hecho de que nuestras hipótesis y planteamientos sean sometidos a intensos debates críticos que den lugar a estudios más precisos y que, a la larga, permitan llegar a conclusiones más contundentes para la elabora- ción de las políticas pertinentes. Jürgen Schuldt30 ración de las estadísticas y gráficos que se presentan en este documento. Magdalena Trigueros, encargada de nuestra estupenda hemeroteca, me faci- litó las fotocopias de los textos que no pude conseguir a través del JSTOR60 o directamente por los buscadores de Internet. Por último, el presente trabajo no habría podido realizarse de no contar con los datos de Apoyo – Opinión y Mercado S.A., desde donde creemos que proviene el mayor valor agregado de este documento. Agradecemos por ello a Alfredo Torres, quien –aparte de haber leído y comentado parte del texto– nos ha autorizado a usar las respuestas de los encuestados a las pre- guntas que considerábamos relevantes para nuestros fines. Por supuesto que el autor asume toda la responsabilidad por las limita- ciones y deficiencias del trabajo y por los errores conceptuales y de interpre- tación que puedan haberse cometido, a pesar de las advertencias de sus pacientes y sofisticados comentaristas. Last but not least, este texto ha sido escrito para mis nietos Jurgen III, Nicolás y Melissa, en la esperanza de que –dentro de dos décadas, cuando terminen sus estudios universitarios...de economía, se entiende– se sientan orgullosos de su tierra y no sueñen ingenuamente con emigrar a los engaño- sos paraísos del hemisferio norte. Lima, abril 20, 2004. 60. Para el lector que no conoce esta facilidad, le informamos que se trata de una hemeroteca virtual desde la cual se puede acceder –previa suscripción o como miembros de una comunidad universitaria como la nuestra– a una infinidad de revistas científicas de casi todas las ramas del saber (www.jstor.org). Desde ahí se puede leer o imprimir directamente los artículos que a uno le interesen, desde que se editó el primer número de cada una de las revistas. En el caso de Economía se tiene acceso a 26 de las principales revistas, tales como: American Economic Review, Canadian Journal of Economics, Econometrica, Economic Geography, Economic History Review, Economic Journal, Economica, International Economic Review, Journal of Economic History, Journal of Economic Literature, Journal of Industrial Economics, Journal of Money, Credit and Banking, Journal of Political Economy, Oxford Economic Papers, Quarterly Journal of Economics, Review of Economic Studies, Review of Economics and Statistics, Canadian Journal of Economics and Political Science, Journal of Economic Perspectives, etc. Producto interno bruto y bienestar aparente 31 I Producto interno bruto y bienestar aparente (...) commodities are merely means to well-being and freedom and do not reflect the nature of the lives that the people involved can lead Amartya Sen (1989: 53) Para comenzar, es necesario llamar la atención sobre el hecho de que el crecimiento económico no es un buen indicador del aumento del bienestar de la gente1, contra lo que en la práctica supone la gran mayoría de econo- mistas y, en mayor medida, los periodistas y políticos. En muchos casos, ni siquiera lo es del ‘progreso’ del país y, mucho menos, de su ‘desarrollo’. Aunque el uso del nivel y evolución del producto interno bruto (PIB)2 sigue 1. Al margen de que no incluye una serie de rubros que añaden ‘valor’ económico y que contribuyen al bienestar, tal como el trabajo casero del ama de casa, el autoconsumo de los agricultores, la mejora de la calidad de los productos como consecuencia del cambio tecno- lógico, etc. Así como a la inversa, incluye otros que no necesariamente deberían aumentar el PIB, pues son, por ejemplo, gastos que sirven para corregir distorsiones que pueden ser provocadas por el propio crecimiento económico: la construcción de un hospital y el gasto en medicinas para remediar problemas pulmonares y cardíacos generados por el incremen- to del tabaquismo, el tránsito vehicular o la polución industrial en una ciudad, para mencio- nar apenas un caso concreto. Para mayores detalles, véanse el minucioso trabajo de Eisner (1988), el magistral texto de Sen (1979) y el gracioso e instructivo artículo de Krugman (1998). 2. Adrede hablamos de producto interno bruto y no, como acostumbramos en el Perú (¿caso único en el mundo?), de producto bruto interno. Y es que el concepto que es ‘bruto’ (sin excluir la depreciación del equipo, la maquinaria, las viviendas, etc.) es el Producto Jürgen Schuldt32 siendo moneda común como indicador de las condiciones de vida de las personas de un país, sabemos bien que nos dice poco sobre la vida que lleva la gente (Sen 1997), a pesar de lo cual sigue siendo utilizado como “termó- metro” para ese efecto. Si esto efectivamente fuera así, como trataremos de demostrarlo, ese indicador agregado3 podría perder gran parte de su validez para diseñar políticas y reformas en el campo que aquí nos interesa. En este capítulo repasaremos algunas de las razones que intentan fun- damentar esa afirmación, argumentando incluso que hay coyunturas en que la bonanza macroeconómica puede venir acompañada de malestar familiar, así como al revés, sea directamente por el tipo y estructura del crecimiento, sea por motivos ajenos a la evolución económica propiamente dicha. De aquí en adelante trabajaremos con variables económicas deflactadas, es de- cir, ajustadas a los cambios en los precios relevantes para cada una de ellas, ya que, como es sabido, la inflación (o la deflación) puede distorsionarlas apreciablemente. 1. La influencia del crecimiento demográfico, 1950-2003 Como es evidente, en primer lugar, el crecimiento absoluto del PIB no es un buen indicador del bienestar individual o familiar, si tenemos en cuenta que cada año aumenta la población. Con lo que bien podría suceder, en casos extremos, que su crecimiento sea positivo en un determinado año, pero que como consecuencia de ello, el crecimiento económico per cápita sea negati- vo4. Y, si tomamos el promedio para todo el período que cubre los últimos cincuenta años, efectivamente el PIB creció al 3,47% anual (promedio geomé- trico), mientras que el PIB por habitante lo hizo apenas al 1,02%. Es conocido que en el país aún el crecimiento demográfico es relativa- mente elevado, sobre todo si lo comparamos con el de Europa, donde es Interno y no el Producto a secas. Nadie nos ha podido dar razón acerca del motivo y origen por el cual se acostumbra usar el término de esta manera. En cambio, contradictoriamente, sí se habla de producto nacional neto o de producto interno neto, cuando se le resta la depreciación al término más amplio. El lector interesado en las Cuentas Nacionales del Perú, entre otras estadísticas que se producen por el Gobierno, debe consultar el reciente informe de una comisión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI 2003a). 3. Así como el de otros indicadores de uso común, relacionados directa o indirectamen- te con el anterior, tales como el PIB por trabajador, el consumo agregado por habitante, etc. 4. Estos llamativos casos se dieron efectivamente en el país, en los siguientes años: 1968, 1976, 1977, 1978, 1999 y 2001 (BCRP 2001: 210). Producto interno bruto y bienestar aparente 33 nulo5. Si repasamos las cifras que nos interesan –básicamente desde los años 1950–, tenemos que el aumento demográfico anual (geométrico) fue de 2,43%, pero que –diferenciando por décadas– ha variado significativamente, aunque durante las últimas tres ha venido declinando claramente. La pobla- ción total (promedio anual simple) del Perú creció 2,65% en la década de 1950, 2,88% en la de 1960, 2,79% en la de 1970, 2,36% en la de 1980, 1,82% en la de 1990 y algo por debajo de 1,60% en lo que va del presente lustro6. Para el año pasado, el INEI ha estimado que el crecimiento demográ- fico anual sería de 1,49%7. Consecuentemente, corrigiendo el crecimiento económico absoluto, para tomar en cuenta el aumento poblacional, obtenemos unas series muy signi- ficativas, en las que se explaya, por un lado, el PIB real absoluto por habi- tante (véase el gráfico 1.1a) y, por el otro, en que se compara el crecimiento anual real del PIB total y el del PIB por habitante (obsérvese el gráfico 1.1b) para el período 1950-2003 (los datos pueden consultarse en el cuadro 1.1 del anexo estadístico, páginas 395-6). 5. Por añadidura, en algunos países del Viejo Continente, la tasa es negativa (v.gr. Alemania, Italia, Rusia, Ucrania). 6. Datos derivados de la Memoria 2002 del BCR (véase el cuadro 1.1 del anexo estadís- tico). Nótese, sin embargo, que el crecimiento demográfico en Lima Metropolitana –en la que nos concentraremos casi exclusivamente más adelante– fue mucho más alto que el promedio nacional. De 1991 a 2000 creció a una tasa anual del 1,9%, aumentando su participación en la población nacional de 28,5% (1990) a 28,9% (2000). Nótese la drástica diferencia con años anteriores, en relación con el porcentaje de población que albergaba Lima respecto de la población total, según los Censos Nacionales: 9% en 1876, 12,1% en 1940, 20,1% en 1961, 25,5% en 1972, 28,1% en 1981 y 28,6% en 1993. Para agravar aún más el problema de la urbanización del Departamento de Lima, su población rural se ha visto reducida a pasos agigantados: en 1941 era del 23,9% y en 1993 llegó a cubrir solo el 3,2%. Con lo que la presión poblacional ejercida sobre la metrópoli es, como resulta evidente para quienes vivimos en ella, un grave problema en este caso, tendencia que continuaría agravándose a futuro (p.ej. llegaría a 29,4% de la población del país en 2010, cuando compartirán la metrópoli 8,8 millones de habitantes), a no ser que, por el lado negativo, se acelere aún más la emigración al extranjero o que, por el lado positivo, el recientemente iniciado proceso de descentralización muestre éxitos rotundos, que permitan suavizar en algo la migración campo-ciudad y la consecuente sobrepoblación. Los datos antedichos han sido derivados de INEI 2002b: Tabla 3.1, p. 75; Tabla 3.3, p. 78 y Tabla 3.14, p. 93. 7. Naturalmente, el crecimiento poblacional elevado del pasado afecta el crecimiento de la fuerza laboral actual, por lo que la población económicamente activa (PEA) viene cre- ciendo a tasas superiores a la población y, como tal, puede impactar negativamente el bienestar de la gente, en la medida en que no es absorbida por los mercados laborales. Este tema será tratado en el sexto capítulo. Jürgen Schuldt34 Gráfico 1.1a PIB por habitante: 1950-2003 1/2/3/ (Nuevos soles de 1994) 1/: Para el período 1950-1989 se ha estimado los niveles utilizando las tasas de variación del PIB con año base 1979. 2/: Para los años 2000-2002, las cifras son preliminares. 3/: El año 2003 es estimado del autor. Fuente: BCRP (2004). www.bcrp.gob.pe/Espanol/WEstadistica/Cuadros/Anuales/Anexo_02.xls (fe- brero) Elaboración propia El gráfico anterior nos ilustra el decepcionante desenvolvimiento de la economía peruana en el transcurso del período de posguerra, en especial durante el último cuarto del siglo XX. El PIB por habitante se expandió precariamente y, si evaluamos su nivel actual, apenas equivale al alcanzado tres décadas atrás. Como consecuencia de las bruscas caídas del producto en los períodos 1976-1979, 1983 y 1988-1990, hoy en día su valor aún es 13% inferior al máximo alcanzado en 1975. De donde se tiene que las polí- ticas de estabilización y ajuste aplicadas a partir de ese año han sido un fiasco en términos de ampliación y diversificación de la capacidad producti- va, de dinamización y persistencia del crecimiento económico, de generación de empleo y mayores ingresos, etc. Si bien se logró sanear las cuentas exter- nas y aplacar la inflación, estas metas macroeconómicas esenciales se logra- ron a costa de estos otros requerimientos macroeconómicos y, sobre todo, 0 500 1.000 1.500 2.000 2.500 3.000 3.500 4.000 4.500 5.000 5.500 6.000 19 50 19 51 19 52 19 53 19 54 19 55 19 56 19 57 19 58 19 59 19 60 19 61 19 62 19 63 19 64 19 65 19 66 19 67 19 68 19 69 19 70 19 71 19 72 19 73 19 74 19 75 19 76 19 77 19 78 19 79 19 80 19 81 19 82 19 83 19 84 19 85 19 86 19 87 19 88 19 89 19 90 19 91 19 92 19 93 19 94 19 95 19 96 19 97 19 98 19 99 20 00 20 01 20 02 20 03 N u ev o s so le s a p re ci o s d e 19 94 PIB por habitante Producto interno bruto y bienestar aparente 35 Gráfico 1.1b Crecimiento anual del PIB total y por habitante: 1951-2003 1/2/3/ (A precios de 1994) 1/: Para el período 1950-1989 se ha estimado los niveles utilizando las tasas de variación del PIB con año base 1979. El promedio de crecimiento del período es el simple. 2/: Para los años 2000-2002, las cifras son preliminares. 3/: El año 2003 es estimado del autor. Fuente: BCRP (2004). www.bcrp.gob.pe/Espanol/WEstadistica/Cuadros/Anuales/Anexo_02.xls (fe- brero) Elaboración propia generando desequilibrios mesoeconómicos y sociopolíticos que actualmente entrampan seriamente la viabilidad y sostenibilidad de la economía e incluso de la gobernabilidad de nuestra sociedad8. 8. De manera que si hoy hablamos de bonanza macroeconómica, ello apenas tendría alguna validez si nos limitamos al análisis de un breve período de la primera mitad de la década pasada y, con mucho optimismo, si también incluimos los dos últimos años (2002- 2003). Una visión de mayor alcance nos lleva a la, por muchos comentada, conclusión –común al resto de América Latina– que el denostado período de “sustitución de importa- ciones” fue –en ese sentido– bastante más exitoso que el propugnado por el Consenso de Washington. Nadie quiere volver al “modelo” de los años 1960 y 1970, pero también debe quedar claro que el “experimento neoliberal” no llegó a plasmarse en los éxitos que prome- tiera. Que se requiere un “nuevo modelo económico” (y sociopolítico) para América Latina es evidente, aun cuando falten las bases y propuestas específicas para aplicarlo...tarea que aparentemente solo podrá concebir y emprender una nueva generación de economistas. -15,0 -12,5 -10,0 -7,5 -5,0 -2,5 0,0 2,5 5,0 7,5 10,0 12,5 15,0 20 01 19 51 19 53 19 55 19 57 19 59 19 61 19 63 19 65 19 67 19 69 19 71 19 73 19 75 19 77 19 79 19 81 19 83 19 85 19 87 19 89 19 91 19 93 19 95 19 97 19 99 20 03 P or ce nt aj e PIB PIBph Prom. 3,6 1,1 Jürgen Schuldt36 Del gráfico anterior se puede colegir nítidamente la reducción del creci- miento económico real absoluto, en un promedio aproximado, algo superior a los dos puntos porcentuales cada año, como consecuencia de la evolución poblacional. Con lo que su nivel está sistemáticamente sobrevaluado, si no lo calibramos en términos per cápita. Diferenciando la primera mitad de la segunda de este período, tenemos que el crecimiento económico ascendió al 5,6% durante el cuarto de siglo que va de 1951 a 1975, mientras que fue de un magro 1,8% entre 1976 y 2003; por su parte, el crecimiento por habitante fue de 2,7% en la primera parte y de –0,3% durante la segunda9. Estas tasas negativas de crecimiento del último cuarto de siglo, evidentemente vienen ejerciendo efectos depresi- vos permanentes –aunque indirectos– sobre el bienestar, el estado de ánimo y las expectativas actuales de la población. Por lo demás, no hay que dejar de tomar en cuenta que también el crecimiento demográfico es una tasa anual promedio, cuando bien sabemos que ella es mayor en las familias de los estratos bajos que en las de altos ingresos10, con lo que se convierte en un motivo adicional de la tendencia al menor ingreso familiar per cápita y, probablemente también, de la satisfac- ción de aquellas, que son la mayoría del país11. 9. Cabe señalar que estos cálculos se realizaron sobre la base de promedios anuales simples. Así, el crecimiento anual de cada una de esas variables para todo el período fue de 3,6% y de 1,15%, respectivamente. Partiendo esa serie en dos, tenemos que durante su primera etapa crecimos a tasas anuales del 5,4% y 2,6% (1951-1975), mientras que durante la segunda lo hicimos al 1,9% y –0,2% (1976-2003), respectivamente. Hay quienes argumentan que el crecimiento económico relativamente satisfactorio de los primeros 25 años de la posguerra –tanto en el Perú, como en el resto de América Latina–, puede atribuirse al proceso de sustitución de importaciones y a los “Años Dorados” de la economía mundial, mientras que el último cuarto de siglo ha sido decepcionante por la aplicación de políticas económicas neoliberales y las crisis internacionales recurrentes. Desde la perspec- tiva de las “ondas largas” del capitalismo (tipo Kondratieff/Schumpeter), la primera corres- pondería a la fase ‘A’ (de auge) y la segunda a la ‘B’ (de recesión y crisis) de la última onda larga del capitalismo, según autores tan variados como Mandel (1978), Campodónico (1991) y Schuldt (1992). 10. Hoy en día, según Apoyo (Informe gerencial de Marketing, varias ediciones), el núme- ro de hijos por estrato socioeconómico en Lima Metropolitana se puede derivar indirecta- mente del número de miembros por hogar, que es el siguiente (el promedio ponderado es de 4,8 miembros por familia), a pesar de que las diferencias con respecto a décadas anteriores se ha estrechado: A, 4,1 personas; B, 4,4; C, 4,8; D, 5,0; y E, 4,6 (sic). Mayores detalles cuantitativos sobre los estratos pueden encontrarse en el capítulo octavo. 11. Aunque hay quienes consideran que un mayor número de hijos favorece el bienestar Producto interno bruto y bienestar aparente 37 Paradójicamente, existe una variable que ha mejorado e impedido que la tasa de crecimiento demográfico baje aún más: la esperanza de vida al nacer. Es claro que si las personas viven un mayor número de años –lo que es altamente deseable, asumiendo que lo hagan en buenas condiciones de sa- lud y que tengan las facilidades necesarias para vivir una vejez agradable–, ello equivale a un determinado aumento poblacional o, desde otra perspecti- va, en tanto contribuye a disminuir la tasa de mortalidad, aumenta –ceteris paribus– el crecimiento demográfico. En el caso peruano, de acuerdo con los informes anuales del PNUD, del índice de desarrollo humano12 se desprende que la esperanza de vida aumentó en más de cinco años, entre 1990 y 1999, de 63 a 68,5 años, en promedio. Con las reflexiones esbozadas en esta sección no queremos sugerir, de manera alguna, que una de las causas del subdesarrollo sea el crecimiento demográfico exagerado13. Apenas pretendemos recordar el impacto que esa variable ejerce anualmente sobre el PIB y que en consecuencia, se supone, afecta el bienestar de las familias. Ya que, en la práctica, todos los comenta- ristas hablan del crecimiento del PIB absoluto, en que por supuesto –por lo menos desde la perspectiva del Gobierno– suena mejor anunciar un aumento de 4% que uno de 2,5% (que es el crecimiento económico por habitante) en 2003. Más adelante también se considerará el impacto que ese aumento ha venido ejerciendo –a través de la estructura de la pirámide poblacional– sobre la fuerza laboral y, consecuentemente, sobre los niveles de empleo, subempleo y desempleo. familiar, en tanto sería un componente adicional de los ‘bienes de capital’ que poseen las familias. Y, en efecto, cada vez más niños menores de 14 años ingresan a la fuerza laboral y obtienen empleos en las peores condiciones de trabajo, por no hablar de la triste realidad de los infantes que son utilizados como ‘herramienta de trabajo’ para mendigar en calles y plazas (o de los que son abandonados al poco de nacer o los que son vendidos). Para iniciarse en el tema desde una perspectiva más amplia, véase el artículo de Theodore W. Schultz (1973), así como las múltiples contribuciones clásicas de Gary Becker (1974, 1988), entre otros artículos sobre el comportamiento económico de la familia y el impacto de la población en el crecimiento económico. 12. El que, dicho sea de paso, ha caído levemente durante la década pasada, de 0,753 en 1990 a 0,743 en 1999; habiendo alcanzado muy bajos niveles en 1991 y 1992: 0,644 y 0,642, respectivamente. 13. La recientemente defenestrada Premier, sin embargo, ha sugerido que la variable demográfica explicaría gran parte de la insatisfacción de los peruanos: “Como el crecimien- to poblacional prosigue, el nivel de crecimiento económico por habitante es aún insuficiente. Por ello existe un comprensible descontento con los resultados alcanzados hasta el momento” (Merino 2003: II). Jürgen Schuldt38 2. La volatilidad del PIB 14 Si bien el PIB en sí o su crecimiento tendencial no son buenos indicadores del bienestar o malestar de las familias, no debe escapársenos una de sus características peculiares, que sí afecta contundentemente el nivel de vida de la población y que se puede derivar directamente de las especificidades de su evolución en el Perú: sus erráticas fluctuaciones a lo largo del tiempo. Ya lo ha dicho Shane Hunt: The most compelling conclusion that can be drawn form this review of the facts is that what needs to be explained is the instability, not the incapability, of growth in Peru (1996: 19). Para ello, basta repasar los movimientos más bruscos, hacia arriba y hacia abajo, de esa serie. De los datos disponibles se deriva que las más dramáticas caídas del PIB por habitante (superiores al dos por ciento) se dieron durante los siguientes períodos, en orden decreciente de gravedad: el trienio de los años 1988 (-11,4%), 1989 (-15,2%) y 1990 (-7,1%)15; el bienio 1982 (-2,7%) y 1983 (-11,5%); 1958 (-3,0%); 1977 (-2,1%) y 1978 (-6,3%); 1968 (-2,4%); 1998 (-2,2%) y 1992 (-2,3%). En cambio, los aumentos más contundentes (superiores al 5%) se presentaron durante los siguientes años (en orden cronológico): 1951 (6,7%), 1960 (5,9%), 1961 (5,4%), 1962 (6,1%), 1966 (5,1%), 1974 (5,8%), 1986 (9,6%), 1987 (5,4%), 1994 (10,8%) y 1995 (6,7%). Regresando al gráfico 1.1b, a simple vista, se detecta efectivamente la tremenda volatilidad del PIB, a excepción del notable septenio 1951-1957. Lo más grave es que ese fenómeno se ha ido agravando a medida que el país se ha venido “modernizando”, sobre todo si comparamos los últimos treinta años con el período de posguerra relativamente satisfactorio que abarca has- ta 1975. Esas oscilaciones de las tasas de crecimiento económico, especialmen- te en los períodos de crisis, que son tan comunes en nuestro país, ejercieron efectos colaterales mayúsculos. En tal sentido, los costos sociales y familiares 14. Instructivas introducciones al tema pueden consultarse en Easterly; Islam y Stiglitz (2000) y Wolfers (2003). 15. Lo que quiere decir, algo probablemente nunca antes visto en el Perú durante el siglo XX, que en el trienio 1988-1990, el PIB por habitante se redujo en algo más de una quinta parte (-21,2%). Producto interno bruto y bienestar aparente 39 de la volatilidad –sobre todo, las caídas abruptas que siguen a una tendencia alcista– del crecimiento económico, hasta donde afectan el bienestar de las personas, generalmente no se contemplan en los análisis convencionales. David de Ferranti y otros (2000) han calculado la volatilidad económi- ca (del PIB) de los países latinoamericanos en el transcurso de las últimas cuatro décadas, llegando a la conclusión que ella ha ido aumentando en el tiempo16. A tal grado que, si se compara la década de 1960 con la de 1990, se ha duplicado. Sin embargo, los años 1980 –La Década Perdida– resultó siendo la más volátil en nuestro subcontinente. Del trabajo de esos autores (Ibíd., Tabla 2.1, p. 16) se tiene que la volatilidad latinoamericana media (de las últimas cuatro décadas) del PIB17 fue de 4,5%; siendo la de Perú la más alta del subcontinente, un punto porcentual mayor (5,5%), si excluimos las economías pequeñas como Bahamas, Guyana, Trinidad y Tobago. Más gra- ve aún fue la volatilidad del consumo privado18. Afinando la mira, diferenciando entre décadas, tenemos los siguientes valores para el caso peruano (Ibíd., Tabla 2.2, p. 21): en los años 1960 y 1970, la volatilidad del PIB fue de solo 2,5%, pero ella pasa a 8,4% en la década de 1980 y se reduce en algo a 5,2% en la de 1990, que aún es el doble que el de las primeras décadas19. El promedio latinoamericano, en cambio, que era de 3,3% en los años 1960, ha regresado a ese mismo nivel en los años 1990, luego de las turbulencias de los años 1980, en que llegó a elevarse hasta el 4,7%. Evidentemente, la volatilidad mencionada proviene en importante me- dida de los choques externos, sea por el ingreso masivo (1994-1995) o la huída de capitales (caso este último desatado por la crisis rusa de agosto 1998 y de la brasileña de 1999), sea por la erraticidad y el deterioro tendencial de nuestros términos de intercambio. Pero también puede atribuirse a menudo a factores internos, no solo por choques exógenos provenientes de la naturaleza (v.gr. El Niño y demás desastres naturales), sino en especial por la adopción de ciertas políticas 16. Véase, también, los textos de CEPAL (2002: capítulo 5) y Sojo (2003). 17. Entendida como la desviación estándar de la tasa de crecimiento real del producto interno bruto. 18. Aunque más volátil que nuestro PIB, la errática evolución del consumo privado en el Perú fue de 6,3%, algo menor al promedio latinoamericano del 6,5%. 19. En el caso del consumo privado, tenemos las siguientes tasas de volatilidad: 2,8% (década de1960), 6,7% (años 1970), 8,3% (1980) y 4,6% (1990). En Latinoamérica, como un todo (exceptuando las economías pequeñas, que en todos los casos resultan más volátiles), las cifras son las siguientes, respectivamente: 4,6%, 5,8%, 6,6% y 6,5%. Jürgen Schuldt40 económicas, incluidas las que derivan de los denominados “ciclos políticos de la economía”, en que nuestros gobiernos tienden a adoptar políticas fisca- les y monetarias exageradamente expansivas, cuyo curso se revierte drásti- camente en el período poselectoral. Las que son agravadas, cada cierto tiempo, por la presencia de dos factores, que también han sido comunes a los demás países latinoamericanos: el conocido ‘péndulo peruano’ (Gonzales de Olarte y Samamé 1994) y la “fracasomanía” a la que se refería Albert Hirschman, consistente en esa insistente mala costumbre “de cada nuevo grupo de go- bernantes en calificar de fracaso total todo lo que se hubiese hecho antes; en consecuencia, se creaba la impresión de que había que empezar de cero una y otra vez”20. Mientras que frente a los factores exógenos (externos o internos) es menos lo que podemos hacer por su imprevisibilidad y contundencia, mucho puede realizarse para evitar las fluctuaciones provenientes de las políticas económicas domésticas21. Pasemos a enumerar algunas de sus consecuencias. Téngase presente, para comenzar, que cuantitativamente sería –en teoría– lo mismo crecer en un determinado año en 10% y al siguiente en 0%, que crecer 4,9% durante dos años, con lo que también se alcanzaría el mismo crecimiento económico de 10% en dos años. Cualitativamente, sin embargo, cada uno de esos casos viene acompañado de procesos económicos, políticos y psicosociales muy distintos, ya que crecer durante un bienio a una tasa estable, cercana al 5%, para seguir con el ejemplo, otorga cierto sentido de seguridad a la población, genera expectativas relativamente confortables y no fragmenta el tejido so- cial. En cambio, un crecimiento del 10% en un año, al que le sigue un estan- camiento completo en el siguiente, transforma radicalmente las expectativas y el nivel de vida de los agentes económicos y sociales, como consecuencia de su impacto diferencial en la población. Al crecer a una tasa elevada en un determinado año, la gente percibe optimistamente el futuro, aumenta su gasto, se endeuda y considera seguro su puesto de trabajo. Pero, inmediata- 20. Hirschman (1981: 155; y, en la versión castellana, 1984: 199, de donde procede la cita). Las cursivas son nuestras. 21. Al lector interesado en profundizar la reflexión teórica y empírica sobre la inestabili- dad-volatilidad de las economías, le recomendamos los trabajos de Rodrik (1999b), Smithies (1957) y el ya mencionado de De Ferranti; Perry, Gill y Servén (2000). Un excelente análisis cuantitativo del impacto de la volatilidad macroeconómica sobre la población de 16 países desarrollados, puede encontrarse en Wolfers (2003). Producto interno bruto y bie